Una cosa es desalojar, otra reubicar y otra atropellar

🔊 Escuchar noticia Por: Gustavo Santiago. La Alcaldía de Montería desde el año 2012 proyectó, y pensando en el desarrollo de la ciudad, acabar con el desorden del mercado central de la ciudad, construir una central de abastos y reubicar a los vendedores informales en ese sitio. Hasta allí todo bien. Dos años después, la central de abastos fracasa porque no es rentable financieramente para los inversores. Entonces se inventaron “El Supermercado Popular del Oriente”, un centro de acopio de vendedores informales de plazas de mercado y donde serían llevados entre otros, los 248 pequeños comerciantes que ayer le tumbaron,
12 años atrás

Por: Gustavo Santiago.

La Alcaldía de Montería desde el año 2012 proyectó, y pensando en el desarrollo de la ciudad, acabar con el desorden del mercado central de la ciudad, construir una central de abastos y reubicar a los vendedores informales en ese sitio. Hasta allí todo bien.

Dos años después, la central de abastos fracasa porque no es rentable financieramente para los inversores. Entonces se inventaron “El Supermercado Popular del Oriente”, un centro de acopio de vendedores informales de plazas de mercado y donde serían llevados entre otros, los 248 pequeños comerciantes que ayer le tumbaron, le desalojaron y a le reubicaron sus negocios.

El proyecto de “El Supermercado Popular del Oriente”, se supone que debe ser construido y entregado a finales del mes de abril. Promesa hecha por el alcalde de Montería, Carlos Corea y su secretario de Gobierno, José Berardineli, en el mes de mayo, cuando anunciaron que todo se haría de manera CONCERTADA y sin ATROPELLOS. Para eso se hicieron varias reuniones de concertación.

En todo tipo de procesos que cambien la cultura y costumbres, malas o buenas, de las personas, siempre se generan traumas, y hasta rechazos de medidas que pueden hasta ayudarles a mejorar sus condiciones de vida y trabajo. Este caso no fue la excepción. La gente quería jugar como en el poker, PAGO POR VER, es decir, me mudo cuando vea el “Supermercado”.

Sin embargo, la Alcaldía de Montería, respaldado y obligado, por fallos judiciales, debieron IMPROVISAR un lote en la calle 39 con carrera 1B para agrupar a 248 negocios que necesitaban quitar para recuperar el espacio público de la ciudad, ocupado por más de 50 años, y de esa manera poder desarrollar obras de urbanismo.

Las obras que se desarrollarán allí, le darán a la ciudad la extensión del parque lineal más largo que tiene latinoamérica, acabarán con los olores fétidos de ese puesto de ventas de verduras, frutas, pescado, carnes y demás productos propios de un mercado. Seguro, dentro de poco tiempo, si cumplen con las obras, veremos una ciudad distinta en ese sitio.

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Eso nadie lo discute, Montería necesita desarrollarse y organizarse, y ese mercado central, como el mercadito del sur, necesitan ser intervenidos, reubicados y organizados, pero respetando la dignidad de quienes serán objeto de cambios culturales.

Las etapas de socialización de la Alcaldía de Montería, advertían a los 248 comerciantes que, inicialmente iban a ser reubicados, el sitio donde PROVISIONAL donde serían enviados y que esperaran nueve meses para ser llevados a un sitio definitivo y mejor organizado.

A pesar que los pequeños comerciantes contrataron abogados, presentaron tutelas y se negaban a ser reubicados, el proceso debía seguir por el bien de la ciudad. Lo cuestionable fue la forma como se actuó.

Cuando se está en una etapa de negociación, conversación y concertación, se supone que las decisiones salen de las partes. En el peor de los casos se notifica a una de ellas, que se rompen los diálogos, o que la decisión está tomada y que deben acatarse.

En este caso no ocurrió. La Alcaldía como Estado tiene toda la capacidad, como autoridad para tomar decisiones. La tomó y decidió meterse en horas de la noche y madrugada para DESALOJAR, TUMBAR, ARRASAR, con negocios hechos de tabla, láminas de zinc, entre otros, que con esfuerzo construyeron los pequeños comerciantes. Quién sabe, a quien le prestaron dinero para levantar el ‘chuzo’.

Fotografías y videos de la Alcaldía de Montería, mostraron como un numeroso grupo de sus colaboradores, recogieron todos los productos que estaban guardados en los puestos de venta, los metieron en costales, los marcaron con los números de los puestos de venta, los embarcaban en camiones y los llevaban al sitio provisional donde desde hoy venderán, sus productos.

Mientras eso sucedía, los pequeños vendedores, esos que esperaban en el proceso de concertación y que luchaban para que su reubicación fuese digna, fueron sorprendidos cuando trataron de llegar al mercado. Encontraron un cerco, militar y policial. NO pueden pasar!. Esa fue la respuesta que recibieron a tres cuadras de distancia de sus negocios.

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Todos se preguntaban ¿qué pasa?, ¿por qué no podemos llegar a nuestros negocios?.

Impotentes y detrás de las vallas de la policía, los vendedores se sentían traicionados por el alcalde de Montería, Carlos Correa. Solo escuchaban los camiones y la maquinaria pesada que arrasaba con los puestos de venta. La desesperación se apoderó de los comerciantes por la suerte de los productos que habían dejado.

La indignación fue porque no les avisaron del proceso de desalojo de sus negocios, la destrucción de lo que con esfuerzo habían levantado y la reubicación provisional.

Ellos sabían que debía irse, pero nunca pensaron que de esa manera indignante, en horas de la madrugada y en secreto como si estuviesen atrapando delincuentes.

El desalojo, atropello, y ‘reubicación’ se cumplió. Lo que se perdió, se perdió. Todavía se escuchan voces de reclamo porque se perdieron o les dañaron sus productos.

Ya pasó lo que pasó, el atropello lo justifican con que el sitio era una ratonera, mal aseado, y que se necesita para recuperar el espacio público y desarrollar obras de urbanismo. Nadie discute eso, lo que se reclama es la forma como se hizo.

Si esos comerciantes fueran unos delincuentes, como de pronto, se pensó, hipótesis que resulta de ver tantos efectivos policiales, todavía estuviesen tirando piedras, y enfrentados con la autoridad.

Ahora, deben acostumbrarse, acomodarse, dejar de quejarse y desarrollar sus actividades en medio de incomodidades que seguramente las superarán. Lo que no pueden superar y olvidar, fueron las pérdidas, el día de trabajo, los productos que perdieron, las ventas de campesinos que ayer no tuvieron quien les comprara y a indignación de ser tratados como ‘monigotes’ que los echan y ponen cuando quieran y donde quieran.

En abril debe estar listo el “Supermercado Popular del Oriente”, y entonces sí la REUBICACIÓN de estos vendedores y los que seguramente deberán salir de la plaza de mercado central de Montería, la que debe ser remodelada e integrada como patrimonio cultural a la linda Ronda del Sinú.