Leyenda Viva, un documental que nos enamora del vallenato

Por: Mario Sánchez Arteaga


El pasado 21 de julio se estrenó en las principales salas de cine de nuestro país el Documental “Leyenda Viva, el alma de un pueblo”, un homenaje a la música vallenata y en especial a sus compositores. La cinta tiene una duración de 113 minutos donde se aprecian importantes testimonios de personalidades del género musical más escuchado en Colombia y por el cual en la esfera global nos reconocen.  No tiene voz en off, es una historia contada por hacedores de la música, como acordeoneros, cantantes, compositores e historiadores. El rodaje tuvo una duración de más de dos años, fantásticos sonidos de ambientes, hermosas locaciones y una exótica geografía de la antigua Provincia de Padilla, La Sierra Nevada de Santa Marta y todo ese mundo macondiano que por sí solo narra cómo nació el vallenato.

Llama la atención que el cine colombiano comercialmente este adentrándose cada vez más en el género del documental, un terreno que hace algunos años era visto en salas pequeñas de bibliotecas, festivales, recintos muy selectos para académicos y en universidades. Es un formato muy investigativo y según el tema y la estrategia se vuelve atractivo para ser proyectado como una película más en taquilla. “Leyenda Viva, el alma de un pueblo” es dirigida por Martín Nova, quien también estuvo liderando la película más taquillera de la historia del cine colombiano con una asistencia de más de dos millones de personas “Magia Salvaje” en 2015, un documental que casualmente es un recorrido no musical sino más bien por toda esa riqueza natural de nuestro país. ¡Un documental!  por encima de producciones más comerciales. ¿Hay un nuevo público o un nuevo giro en producciones cinematográficas?

Como amante de la música de Adolfo Pacheco, Escalona, Leandro Díaz, Alejo Durán, Gustavo Gutiérrez, Los Zuleta, el vallenato narrativo y poético de antaño, la juglaría que llevaba las historias y noticas de pueblo en pueblo a través de melodías, odas cantadas que se esparcían “como el bostezo de boca en boca”, decidí armar un plan familiar con mi esposa y mis dos hijos adolescentes, Gaby de 15 y Juan Mario de 12 (La Conchi de 4 no clasificó) para conocer esas raíces ancestrales de la música más popular y representativa de Colombia. Es una muy buena producción cinematográfica, no solo para amantes del vallenato, para cualquier ciudadano del común que desee conocer y adentrase en la historia, conocemos las canciones, pero no su narrativa, tarareamos la letra, pero desconocemos la poesía. Escuchamos mencionar sobre los juglares, pero desconocemos sus travesías y cómo y por qué nacieron sus piezas musicales, por qué se volvieron clásicos.

El vallenato como casi todas nuestras músicas ha pasado por un proceso evolutivo, progresivo, sus orígenes tienen de lo negroide del africano, el lamento del indígena Chimila de las estribaciones de la Sierra y el aporte europeo en la época de la conquista. Es transcultural, ha tenido cambios sustanciales y todo eso lo podemos apreciar en el documental. Basta con escuchar las intervenciones de Tomás Darío Gutiérrez, uno de los más respetados investigadores del folclor vallenato, sus tesis sobre el inicio de lo melódico en la gaita y el pasó al acordeón cuando esta entra por la Guajira después de 1850. El vallenato en guitarra, los acordeoneros cantantes que se volvieron leyenda viva, el antes y el después cuando surge la primera producción musical con una voz líder a cargo de Jorge Oñate y ya un acordeonero en segundo plano, la importancia y trascendencia que le dio el Festival Vallenato al género musical, la declaratoria como “Patrimonio Inmaterial de la Humanidad”, la emancipación que le dio Gabo al decir que su obra cumbre “Cien Años de Soledad” era un vallenato de 350 páginas. Hay que verlo y no esperar que le cuenten, que también sea proyectado en plataformas virtuales.

Nunca he entrado en las polémicas tertulias y debates si el vallenato de antes es mejor y que el actual no lo es, si les falta letra, poesía, si solo es gozadera y tristes notas de acordeón; valoro todo lo bueno de antes y de ahora. Alejo Durán lo dijo alguna vez “No me opongo a la evolución del vallenato, lo malo es que yo evolucione” y razón tenía, él era juglar de un folclor. Gustavo Gutiérrez Cabello, poeta del vallenato, también lo ha dicho innumerables veces “No les exijan a los compositores de ahora que compongan como antes, los tiempos han cambiado, antes se inspiraban en el río y paisajes, ahora los entornos son muy urbanos”. Lo que si queda muy indiscutible en el documental es el valioso aporte que le ha dado Carlos Vives a la música vallenata, se inspiró en el folclor, en sus raíces, lo vistió de modernidad y lo llevó al lenguaje universal. Feliz Carrillo Hinojosa en una entrevista lo dijo “A vives no hay que hacerle una estatua, hay que darle las gracias”. Cuando salió “Clásicos de la Provincia “en 1993 lo trataron de irrespetuoso y tergiversador del vallenato, hoy le llaman Maestro y ya en la versión 51 del Festival de la Leyenda Vallenata de 2018 fue realizada en su honor.

Apoyemos el cine nacional, las creaciones locales, no solo porque son nuestras, en verdad se están haciendo muy buenas producciones.

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