La vida y la muerte

Por: Robinson Nájera Galvis


El hombre, y por supuesto la mujer, en su trasegar por el mundo pasa por tres grandes etapas: el NACIMIENTO, el CRECIMIENTO y la MUERTE. Y en cada fase de este proceso, sobre todo en la primera y segunda, cada ser humano y quienes lo rodean deben aportar positivamente para cumplir a cabalidad con el objetivo de ser buena PERSONA, pues la integralidad, los triunfos o las derrotas no caen del cielo, sino que son el producto del esfuerzo y la disciplina que cada quien le imprima a su vida.

El NACIMIENTO es alegría pura. El primer llanto del chiquillo es como un grito de victoria. Es la felicidad de los padres elevándose más allá de las nubes. Es una sensación difícil de explicar y de comparar, pero si no se riega debidamente el naciente capullo, más adelante pueden aparecer los dolores de cabeza. Ya algunos sicólogos han dicho que las caricias desde el mismo vientre vuelven al niño más inteligente. Por qué entonces en su infancia no se le colma de ternura para que cuando crezca, en vez de abrazarse a un fusil, lo haga a un puñado de palabras y con ellas exija justicia y le cante a la vida.

El CRECIMIENTO, que es la vida misma, es la etapa más larga de las tres, cuenta con infinidad de altibajos. Colmada de obstáculos y oportunidades, con la seguridad de que, si hiciéramos una sumatoria, resultarían muchos más los caminos escabrosos que los fáciles de escalar, no porque Adán y Eva se pusieran a comer manzana sin permiso, sino porque una vida sin esfuerzo, sin cultivar una buena capacidad de lucha sería demasiado desabrida. En este sentido, si todos enseñáramos a nuestros hijos a vencer obstáculos y a aprovechar oportunidades, en el mundo ya no cabrían los triunfadores.

LA VIDA es un DON que se debe cuidar a cada instante, mucho más que al jardín o a la mascota. Por eso nunca he entendido la estupidez de los que “a ojo cerrado” se van a la guerra a matarse, muchas veces sin saber por qué lo hacen. Tampoco considero sabio a quienes inducen a otros a echar plomo por intereses muy cerrados. Aunque existen las inteligencias múltiples, creo que solo son inteligentes las personas que aprenden a VIVIR, sabiendo concertar con los demás y siendo conscientes de que todos tenemos fortalezas y debilidades.

La MUERTE es la etapa más dolorosa y en la que menos preparación existe para asumirla con entereza. Aunque exista la esperanza de una vida en el más allá, es difícil llenar el vacío de una persona que no vamos a ver ni sentir más; alguien con quien hemos convivido mucho tiempo en la casa, en el trabajo o en varios momentos gozosos o dolorosos. De todas maneras, parece que el dolor es menos intenso cuando sentimos que a quien se va para siempre le cumplimos en todos los aspectos. Lo demás es mantener un buen recuerdo de sus acciones en el paso por la vida y dejarlos descansar en PAZ.



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