El Gobierno de Chile recibió con satisfacción la confirmación de la muerte de Héctor Guerrero Flores, alias ‘Niño Guerrero’, máximo líder del Tren de Aragua, la banda criminal transnacional originada en las cárceles venezolanas que durante años extendió su operación por varios países de América.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue el primero en anunciar la baja del cabecilla, ocurrida en Venezuela en una acción conjunta entre el Comando Sur estadounidense y autoridades de ese país. El ministro de Seguridad chileno, Martín Arrau, calificó la noticia como un golpe contra una organización que ha sembrado violencia a lo largo del continente, y destacó como especialmente valiosa la colaboración entre Washington y Caracas para lograrlo.
La muerte de Guerrero Flores se produjo en un momento de presión creciente sobre la banda. Hace apenas diez días, las autoridades chilenas desarticularon una red de lavado de activos vinculada al Tren de Aragua que operaba a través de bancos del país y terminó con cerca de veinte detenidos, acusados de extorsión, contrabando, lavado de dinero y asociación criminal. Según medios locales, parte de esos recursos provenían de actividades ilícitas coordinadas desde una cárcel en Colombia, donde permanece recluido otro de los líderes del grupo.
Pese a la caída del cabecilla, Arrau fue enfático: la organización no desaparece con la muerte de quien la encabezaba. El ministro anunció que Chile continuará persiguiendo cada célula activa y reforzando la cooperación internacional para desmantelar completamente la estructura criminal.






