Hay una campesina en el Chocó que produce achiote. Lo hace bien, su familia lo ha hecho por generaciones. Si alguien llegara hoy a decirle que ese achiote es ingrediente de cosméticos de alto valor, y que podría ser parte de una cadena que exporta a Europa y Asia, ¿qué vería ella?
Abstracción, un mundo que no es el suyo, no porque le falte capacidad, sino porque nadie ha construido el puente entre su territorio y esa cadena. ¿Creen que pasaría algo distinto por la cabeza de un campesino de Sucre, si le dicen que el ñame fue literalmente la base de la industria anticonceptiva en el siglo XX?
El gobierno que se va hizo algo que de ahora en adelante debe ser consistente, repartió tierras a campesinos y víctimas en un gesto tan necesario como legítimo. Pero tierra sin mercados, sin tecnología, sin orientación sobre qué producir y para quién, es un puente a medias con un resultado previsible, más hectáreas sin hacerlas producir competitivamente. Sembrar papa para vender papa.
El problema más profundo, no es que la campesina del Chocó o el compa de Sucre carezcan de acceso a la cadena de bioinsumos cosmetológicos o farmacéuticos, es que nadie en el Estado se interesa en que esas cadenas, existan para ellos y con ellos. Siempre les muestran lo mismo, arroz, plátano, maíz, ganadería convencional; y cuando alguien ocasionalmente muestra algo diferente, no hay orientación territorial que ayude al productor a ubicarse en esa nueva posibilidad.
Cauca produce software. En un departamento que nadie asociaría con tecnología emergió un sector que exporta, no por política nacional de diversificación sino porque algunos empresarios locales tuvieron visión y algún mandatario entendió la importancia; es decir, emergió a puro pulso. El mismo patrón se repite en el Valle del Cauca con farmacéutica, en Barranquilla con vidrio y aluminio, en Medellín con textiles. Las especializaciones que funcionan en Colombia nacen a pesar de la ausencia de liderazgo político, no gracias a él.
Eso no es un elogio a la resiliencia local, es una invitación a ver lo que se pierde; ya que la cuestión no es cómo Cauca llegó hasta donde llegó, sino hasta dónde hubiera llegado si además del empuje local, el Estado hubiera dicho aquí van inversiones, acceso a mercados globales, articulación con la academia. Cauca sería ya una referencia mundial.
Ruanda entendió esa lógica después del genocidio de 1994, cuando el país quedó literalmente destruido. Tenían café, un café que siempre se había vendido en volumen, a granel, sin diferenciación, y la decisión política fue apostar por calidad y especialización, construir estaciones de lavado, formar cooperativas, conectar a los productores con los mercados premium internacionales. Hoy el café ruandés es el quinto producto de exportación más valioso del país, genera más de 115 millones de dólares anuales e involucra a 400.000 familias de pequeños agricultores. Ruanda no descubrió un recurso nuevo, construyó el puente entre lo que tenía y lo que el mundo estaba dispuesto a pagar por ello.
De manera sistemática falta hacer eso en Colombia. Y no requiere una reforma imposible, requiere que el Estado junto con la academia y el sector privado, haga prospectiva con cada región, descubra en qué puede ser potencia, oriente a los productores sobre cómo ubicarse en esas cadenas y concentre inversión pública y privada en profundizar esas apuestas, en lugar de distribuir dinero uniformemente como si todos los departamentos fueran iguales. Programas como Innpulsa deberían ser el motor de esa coordinación, como arquitectos de especialización territorial, en una decisión que le corresponde tomar al gobierno nacional a través de MinComercio.
Colombia tiene retos en seguridad alimentaria básica, sin embargo, sus mejores cifras lo que no tienen es la ambición de ir más allá de ella. Cada tonelada de ñame, de achiote, de carne, de cacao que sale sin transformar del campo colombiano es riqueza que se va a manos de otros que sí construyeron las conexiones entre campo, ciencia, innovación e industria, que nosotros debemos edificar.
La pobreza del campo no se resuelve solo redistribuyendo tierra, se resuelve construyendo los puentes que conectan lo que Colombia tiene con lo que Colombia puede ser. Mientras eso no ocurra, la campesina del Chocó seguirá produciendo achiote para el mundo que conoce, y nosotros seguiremos sin saber lo que nos perdemos.
Boris F. Zapata Romero







