El día que Aglaé Dinora le dijo a su padre William Caraballo que colgaría la bata de médico para dedicarse al arte, estaba escrito en los anaqueles de la vida que ese sería su destino, con la añadidura del éxito.
Eran 7 semestres de estudio, faltaba poco, pero él, conociendo el ímpetu de su hija y que no había nada ni nadie sobre la faz de la tierra que la haría cambiar de parecer, respiró profundo, tragándose el tarugo de una carrera costosa y de sacrificios familiares; mirándola a los ojos en la nobleza de un padre que quiere lo mejor para su hijo, le dijo: “Solo quiero que seas la mejor.
Aunque su madre, Aidé Mercado, testificaba que su hija nunca aprendió a hablar, cualquier día en vez de balbuceos, se escuchó un canto celestial que salía de la cuna entoldada.
Aglaé “La Reina del Porro” es una figura emblemática de la música del caribe colombiano, no es una artista del montón que se conformó solo con subir a las tarimas y ganarse la vida recibiendo aplausos, ella quería cantar la música que sabe a queso bien amasao’ con panela e’ coco de Colomboy, la que sabe a viuda e’ pescao’ con calzón ripiao bajo un ranchón, y triunfar con lo vernáculo, con lo autóctono en un mundo sitiado de lo banal y simple que factura y se consume en la rosquera industria musical, eso sí que es difícil.
A eso le apostó Aglaé, a cantar la música nuestra, a llevar las melodías y letras de los porros más significativos de nuestro folclor a vitrinas no solo de Colombia. Ella se puso la pollera y, al son de los bombardinos, trompetas y clarinetes, mostró a Córdoba y al Sinú en diferentes partes del mundo. La fe siempre estuvo intacta y la duda no hizo parte del guion de su vida, así Borges haya dicho “La duda es uno de los nombres de la inteligencia”.
La Reina del porro ha sido una acérrima luchadora del patrimonio material e inmaterial de la cultura caribe; no se conformó con ser artista, también se tiró sobre sus hombros el viacrucis de la gestión cultural.
Vaya tarea incómoda y compleja, salir ella de la comodidad del estrellato y andar en caminos polvorientos en bien del arte local. Su lucha ha ido desde la consecución de recursos para proyectos culturales a través de su fundación, la representación del gremio artístico ante la clase dirigente, buscando el respeto y la dignificación del oficio, enfrentarse y ganarse enemistades con camajanes del poder regional por mirar de soslayo a los artistas y no invertir los recursos como deben ser.
El gobierno nacional que acaba de posesionarse la ha designado como la nueva viceministra de Cultura, si no estoy mal, al “Viceministerio de los Patrimonios, las Memorias y Gobernanza Cultural”; es el área del Ministerio donde se laboran las políticas de salvaguarda y conserva el patrimonio y memoria de la nación.
Aquí hay algo en lo que se convierte en un reto para la nueva viceministra: lograr la tan anhelada declaratoria del porro como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Nación. Algo que se ha intentado muchas veces, pero los egos de los mismos pelayeros que se pelean entre ellos, ha dejado a medio camino la intención.
El próximo año el Festival del Porro cumple 50 años de creado… Sería un estupendo regalo para los cordobeses y el Caribe que esta hazaña se logre, y bueno, las reinas tienen poder y majestad, así que esta sería una de sus prioridades.
Como monteriano y cordobés, me embarga una alegría enorme e infinita esta designación. Aquí no importa el color político, ideologías y nada de esos perendengues de mentes cortas y corazas burdas que se quedan en el espejo retrovisor adorando hombres y adalides efímeros. Aglaé será la persona que más alto ha llegado a ocupar un cargo de alta dignidad en Córdoba desde que fue creado el Ministerio de las Culturas en 1997, antes instituto Colcultura.
A pesar de que en su tierra natal la clase dirigente no la había valorado verdaderamente como la figura simbólica que concierne, dejándola siempre entre rosas y espinas, hoy la vida y la divina providencia le retribuyen y recompensan el trono de reina al que siempre ha merecido.
El cetro y corona se pasearán por los pasillos del Palacio Echeverry en la fría Bogotá; aunque la orden es ser una funcionaria más en el territorio, las regiones, donde el sello cordobés debe imperar en ese peregrinaje, dejando que el porro enarbole las gestiones de su majestad La Reina.
Los esfuerzos tarde que temprano traen el triunfo bajo la manga; llegan porque llegan; ningún sudor, lágrima, esmero y sacrificio se queda en el olvido. Los tiempos de Van Gogh ya han pasado; no hay que esperar que el artista muera para reconocer su grandeza, y creo que esta designación de Aglaé Caraballo Mercado como viceministra de Cultura es un premio merecido a su arte y gestión por más de dos décadas.
Bueno para ella, bueno para Córdoba, bueno para la cultura.
Buen viento, buena mar
Posdata: A participar de la convocatoria de la Alcaldía de Montería en el Banco de Propuestas Artísticas de la Ronda Vive 2026. No nos quejemos tanto y ayudemos a construir.








