El volcán Puracé continúa en alerta Naranja debido a los cambios registrados en los parámetros de monitoreo durante las últimas semanas, informó el Servicio Geológico Colombiano (SGC) en su boletín del 31 de agosto de 2026. Los registros incluyen un aumento de la sismicidad asociada al fracturamiento de roca, emisiones de ceniza y cambios en la concentración de gases.
De acuerdo con el reporte, se registraron alrededor de 150 eventos sísmicos de tipo volcano-tectónico, localizados entre 10 y 15 kilómetros al nororiente del volcán, a profundidades de entre 8 y 12 kilómetros respecto a su cima. Tres de estos movimientos, ocurridos entre el 30 y el 31 de agosto, tuvieron magnitudes de 2,0, 2,5 y 3,2 y fueron reportados como sentidos por habitantes de Puracé, Totoró y Popayán.
El SGC también reportó el predominio de señales sísmicas relacionadas con la dinámica de fluidos dentro de los conductos volcánicos, especialmente de tipo tremor, localizadas bajo el cráter a profundidades menores de un kilómetro. Además, persiste un proceso lento de deformación del suelo entre los volcanes Puracé, Piocollo y Curiquinga.
Entre las 2:00 de la tarde del 30 de agosto y la publicación del boletín se registraron dos emisiones de ceniza. Sin embargo, las condiciones de alta nubosidad impidieron confirmar visualmente estos episodios mediante las cámaras de vigilancia volcánica. El monitoreo también mantiene el registro de emisiones de dióxido de azufre (SO₂) y un aumento en la concentración de dióxido de carbono (CO₂) medida en el suelo.
El SGC señaló que los valores registrados instrumentalmente durante las últimas semanas corresponden a los máximos alcanzados y superan ampliamente las líneas base de comportamiento, lo que representa una alteración importante en la dinámica del volcán. Por esta razón, la alerta Naranja permanece vigente.
Mientras se mantenga este nivel de alerta pueden presentarse variaciones temporales en la actividad sin que esto signifique necesariamente un retorno a condiciones estables.
El organismo recomendó no acercarse a los cráteres de los volcanes Puracé, Piocollo y Curiquinga ni a las cabeceras de los ríos que nacen en estas zonas, debido a la posibilidad de emisiones repentinas de gases y ceniza, expulsión de fragmentos de roca y formación de flujos de lodo de menor alcance.





