Ninha, una luz para el desarrollo de Córdoba

Por: Boris Zapata Romero


Hay sentidas razones para desconfiar del Estado. No son pocas las veces que ha sido ajeno al ciudadano, al empresario, a la mujer, al viejo; esas veces, en las que cae en la equivocación de hacer gobierno desde la lejanía, desde el desconocimiento de lo que sus gobernados requieren, es cuando ahonda ese sentimiento de antipatía y desconfianza.

Sin embargo, la luz siempre es más poderosa que la sombra. Y hay que reconocer que
cuando en un sector los intereses de los privilegiados son tan importantes como los de los de a pie, al fin y al cabo, se gana con unos, pero se gobierna para todos, las acciones que se desprenden desvanecen las grises nubes, gracias a que reconoce y valora a todos sus actores en sus fortalezas y debilidades, pero sobre todo en sus posibilidades.

Reconocer las posibilidades no implica desconocer las limitantes. Lo aclaro por qué algún ligero de pluma atacó a la Ministra de Ciencia, Mabel Torres, por plantear que uno de los laboratorios que ha entregado para fortalecer y hacer ciencia en Colombia, o en sus palabras para tener soberanía científica, podría servir para desarrollar vacunas y tratamientos a partir del estudio de plantas propias de la región de los Montes de María.

Es bueno hacer un pare y recordar un solo ejemplo. La “píldora mágica”, la aspirina, es un derivado de una sustancia natural de la corteza del sauce blanco. De hecho “Spir”, dentro del nombre Aspirina, viene de Spiraea, que es el género de planta de donde se obtiene el producto. ¡Vea usted!

¿Se imaginan que podremos desarrollar con “nuestra biodiversidad”, que incluye además nuestro acervo cultural ancestral?

En lo que respecta a la ciencia, en ese reconocimiento de los actores, hay un velo que se corre de a poco que deja ver que, sin sincronía entre la academia, la empresa privada, la comunidad y el Estado, las posibilidades de las que venimos hablando, tanto individuales como de país, se disminuyen a su mínima expresión.

Esa es la importancia de lo que ocurrió esta semana en Córdoba; en su zona Metropolitana, como epicentro del departamento, más exactamente en Cereté, el Ministerio de Ciencia hizo una apuesta para establecer un Centro de Investigación, Innovación y Emprendimiento, que no es sino la oportunidad de que todos esos investigadores de base, los sueños de poder escalar la investigación de las universidades, los esfuerzos individuales y colectivos de las diversas instituciones del Estado, y el afán de la comunidad, empresarios e industriales por “encontrar nuevas y mejores formas de hacer las cosas”, puedan confluir para trabajar, conocerse, hacer investigación colaborativa, escalar productos, compartir e impartir conocimiento, y tantos otros sucesos que no pueden sino derivar en generar bienestar y progreso, a través de la innovación y el hacer empresa.

La NASA en los 70´s, buscando medir el acoplamiento entre tecnologías, en la medida que expandía sus conocimientos y hacía desarrollos, estableció un método que denominó Niveles de Madurez Tecnológica (Technological Readiness Level – TRLs, en inglés), que dice que para lograr la innovación es necesario seguir un proceso de nueve niveles que parten de la investigación básica y terminan en la aplicación comercial.

La ministra Mabel, atendiendo esto de los Niveles de Madurez Tecnológica, con este CRIIE “Ninha”, sol en la cosmología Zenú, lo que hace es reconocer que hay ya en Córdoba una base de investigación, que debe fortalecerse por supuesto, y que debemos pasar a establecer una base de desarrollo tecnológico a través de la ya mencionada sincronía de actores, para finalmente lograr sustentar de buena forma, el sistema de innovación y competitividad que tanto requerimos para crecer.

La soberanía científica como base de nuestro destino; el desarrollo tecnológico como piso de nuestra prosperidad; el despertar de la curiosidad, la innovación y la creación, como sello de nuestro futuro. Alguien está encendiendo una luz.



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