Ninguna muerte es un caso más

Por: William Mercado E.
8 años atrás

El fin de semana anterior, tomó fuerza la noticia del deceso del periodista Mauricio Orjuela, en condiciones presuntamente atribuibles a la forma de operación actual de nuestro sistema de salud, en cabeza de las Entidades Promotoras de salud.

Es así como durante un largo tiempo se han escuchado una y otra vez, situaciones similares, y así las numerosas excusas que por parte de las EPS se dan a afiliados y sus familiares cuando se trata de solicitudes de servicios a las que se tiene derecho, de acuerdo con el Plan de Beneficios de Salud.

No es raro escuchar desde las EPS decirle al usuario que no le van a dar la cita porque no hay contrato con ese especialista, que no es posible autorizar porque la plataforma o sistema presentan problemas y hay que esperar a que se solucione, que MIPRES aún no autoriza, que se cerró la agenda, que hay cita para dentro de dos meses, o como en el caso del fallecido periodista, que el prestador en el que está siendo atendido, no hace parte su red, entre otras cosas. Lo grave de todos estos pretextos es que no tienen distinción. Son comunicados a las personas sin ningún tipo de reparo y no importa si lo que se requiere atender es un cáncer o una gripa.

Así se observa como día a día miles de personas luchan por su vida, sin que en las entidades que se supone deben gestionar nuestro riesgo en salud, quienes deberían ser nuestros dolientes en lo que a ello se refiere, se eduque a sus funcionarios para reconocer el drama que supone para una persona que sufre una enfermedad grave o catastrófica y su familia, la impotencia de no poder acceder oportunamente al tratamiento o medicamento que necesita para conservar su vida o mejorar su estado de salud.

Si bien es cierto que en la medida en que nos relacionamos mas frecuentemente con una situación, y nos familiarizamos con ella, vamos perdiendo capacidad de asombro y por lo tanto la sensibilidad que pudiera generarse, las personas encargadas de tramitar lo necesario para que nuestra salud nos permita vivir dignamente y en los casos más extremos, seguir con vida, no deberían caer en la trampa de no sentir la tragedia del otro o de perder cualquier capacidad de empatía.

La salud es un aspecto inherente al ser humano, lo que nos deja expuestos a que esta no sea buena por cualquier razón, en cualquier momento, y así vernos en la dolorosa situación de necesitar que quien está del otro lado del escritorio, reconozca nuestra necesidad y valore en su justa medida la atención que debe ser brindada, ahí sí, en condiciones de igualdad.

¿En qué momento llegamos al punto en que deshumanizar un servicio que se reclama como derecho fundamental, y que determina si nos curamos, mejoramos o seguimos con vida, es lo normal?

A parte de todos los movimientos y reajustes que requiere el sistema de salud colombiano, hay que volver a lo simple: el buen trato, la empatía, la solidaridad, el amor al prójimo, porque la mayoría de las personas no se mueren exclusivamente por su enfermedad, los termina matando la indiferencia e indolencia de quienes desde el otro lado de la ventanilla observan sin inmutarse y entender que en sus manos está la recuperación y vida de millones de personas. Solo así estaremos más cerca de evitar que casos como el de Mauricio, sucedan para mostrarnos nuestras fallas como sistema, pero sobre todo como seres humanos.