Colombia sumó una nueva masacre a su doloroso registro de violencia. En la noche del domingo, en la vereda La Palomera del municipio de Santander de Quilichao, Cauca, tres personas fueron encontradas muertas sobre una vía con varios impactos de arma de fuego.
Junto a los cuerpos, las autoridades hallaron un cartel con alusiones a las disidencias de las FARC, quienes serían los presuntos responsables. Hasta el momento, las víctimas —al parecer tres hombres— no han sido identificadas.
El Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, Indepaz, catalogó este crimen como la masacre número 55 del año en el país, en un año que acumula ya 236 muertos en este tipo de hechos.
En Santander de Quilichao operan el Frente Jaime Martínez y el Frente Dagoberto Ramos, ambos pertenecientes al Bloque Occidental Jacobo Arenas, además de bandas de carácter local. El territorio queda bajo la jurisdicción de la Tercera División del Ejército Colombiano.
La situación en este municipio caucano no es nueva para las autoridades. La Defensoría del Pueblo ya había emitido la Alerta Temprana 036/23, advirtiendo sobre el alto riesgo que representa para la población civil la presencia y confrontación de estructuras disidentes, en particular del Frente Dagoberto Ramos, vinculadas al control territorial y las economías ilícitas.
A ese llamado se suma ahora la AT 013/25, que incluye a Santander de Quilichao y exige acción inmediata del Estado. Según la Defensoría, “la imposición de normas y otras formas de gobernanza ilegal por parte de los grupos armados representa un permanente riesgo de violación a los derechos de la población”.
Con 55 masacres en apenas cuatro meses y medio, Colombia enfrenta un 2026 que golpea con especial crudeza a los territorios donde el Estado sigue en deuda con sus ciudadanos.









