Los hombres que denuncian haber sido violados por mujeres

Javier Mauricio Otero Díaz
43 minutos atrás

Recientemente se llevó a cabo en el Reino Unido la primera investigación sobre “penetración forzada” en ese país; un término legal que describe los casos en los que una mujer obliga a un hombre a mantener relaciones sexuales sin su consentimiento.

Este estudio desenterró una realidad sepultada por la vergüenza: múltiples casos de hombres que reconocen haber sido violados por mujeres. Los testimonios rompen cualquier mito de sumisión pasiva: varones que manifiestan haber sido esposados, amordazados y obligados a tomar estimulantes sexuales; otros que sufrieron violencia física directa como método de coacción, o que fueron drogados para anular su voluntad.

Incluso se reportaron dinámicas de chantaje laboral y manipulación emocional, donde se les amenazaba con divulgar información sensible si no accedían al coito.

Si usted es de los hombres que se ríen de este tipo de noticias o si le causa burla que un varón denuncie esto —porque considera que por el hecho de ser hombre “no tiene sentido” que una mujer lo viole—, esa reacción es la primera señal de que usted ha sido abusado sexualmente y ni siquiera se ha dado cuenta. De hecho, sostengo que los hombres han sido las mayores víctimas de abuso sexual en nuestra cultura.

Antes de lanzar una crítica apresurada por estas dos últimas afirmaciones, le invito a darse la oportunidad de leer esta columna hasta el final para comprender mi postura reflexiva sobre el abuso sexual a la masculinidad.

Para entenderlo, clasificaré el abuso sexual en dos categorías simples: el abuso sexual negativo y el abuso sexual “positivo”.

El abuso sexual negativo es aquel en el cual la persona percibe de forma consciente, con una intensidad leve o grave, que su integridad sexual ha sido vulnerada.

En este tipo de abuso, las mujeres han sido históricamente las mayores afectadas; existe en ellas una consciencia clara de reconocimiento de estos actos como denigrantes para su persona y su cuerpo, y actualmente la sociedad y la justicia avanzan con firmeza en la valoración y penalización de esta violencia.

Puedes leer:  ¡Primero Colombia!

Por otro lado, el abuso sexual “positivo” es aquel en el cual la persona está siendo abusada, pero no es consciente de ello porque no lo percibe como una agresión.

No manifiesta ningún tipo de malestar debido a que la cultura le ha enseñado a considerar dicha práctica como parte de su identidad de valor. Es en este tipo de abuso sexual donde afirmo que los hombres somos los más afectados (abusados) por el entorno social que nos rodea.

Es tanta la normalización de este abuso disfrazado de “hombría”, “masculinidad” o de lo que significa ser un “verdadero hombre”, que cuando ocurren casos como los del Reino Unido, a las víctimas no se les cree. No solo la sociedad los ridiculiza, sino que las mismas leyes muestran un vacío ciego al momento de reconocer que un varón también puede ser violado por una mujer.

No existe mayor abuso que aquel en el que la víctima es incapaz de notar que está siendo abusada, y peor aún, cuando percibe ese abuso como una cualidad suprema de su identidad varonil. Por ello, estas noticias suelen provocar burlas en lugar de indignación.

A nosotros los hombres, desde muy niños, la cultura y la sociedad nos adoctrinan para operar como máquinas sexuales. En muchos casos, este moldeamiento comienza en el seno de la misma familia, aunque paradójicamente, al llegar a la adultez, esa misma familia y sociedad le exijan al hombre fidelidad y un respeto absoluto hacia la feminidad.

Todo hombre que abusa sexualmente de otros, primero ha sido abusado por el sistema cultural y se ha transformado en un abusador de sí mismo.

Le invito a hacerse las siguientes preguntas: ¿A qué edad comienza la hipersexualización y el condicionamiento (el abuso) en un hombre? ¿Cuándo escuchó la primera frase que lo incentiva a la activación de sus impulsos sexuales? ¿Cuándo vio la primera imagen, la primera experiencia visual, su primera escena pornográfica, su primera masturbación o su primer coito? Las respuestas le sorprenderían al revelar edades sumamente tempranas donde el abuso sexual masculino ya ha comenzado, pero maquillado bajo el rótulo de “identidad masculina”.

Puedes leer:  El interés como brújula social: una reflexión sobre la igualdad y las jerarquías invisibles

Algunas mujeres, siendo plenamente conscientes de este condicionamiento masculino, le sacan provecho en la cotidianidad. Cuando desean consumar su placer con un hombre en particular, les resulta tan sencillo como activar ese resorte cultural: una mirada, una palabra o una sutil caricia bastan para hipnotizarlo, tal cual canto de sirena.

Ellas lo saben bien; es sumamente fácil aprovecharse de un hombre en el plano sexual, a tal nivel que el varón no se da cuenta de que está siendo instrumentalizado. Peor aún: en su ingenuidad, él cree firmemente que ha sido el “conquistador” o el beneficiado de la situación, sin percatarse de que, en realidad, ha sido la víctima de un abuso silencioso.

Todo hombre incapaz de decirle que no a una mujer, o que siente la obligación de decirle que sí a cualquier estímulo sexual femenino, está evidenciando los síntomas de un abuso sexual positivo.

Solo aquellos hombres que logren entender que hemos sido instrumentalizados y abusados violentamente por nuestra cultura serán capaces de liberarse de la esclavitud del sexo. Solo ellos podrán dignificar y devolverle el valor real a sus cuerpos. Al romper esa cadena, serán los únicos con la madurez para decirle “no” a una mujer cuando sea necesario, y los únicos que alcanzarán la capacidad de ser fieles a sus parejas y construir una familia en paz.

P.D.: Esta columna no tiene la intención de justificar las conductas sexuales de los hombres. Por el contrario, tiene el propósito personal y social de comprender y asumir responsabilidades —tanto de los hombres como de la sociedad— en relación a cómo se está estructurando la identidad masculina: una práctica cultural que primeramente abusa del varón y que, como consecuencia inevitable, termina abusando de terceros.