Los colombianos NO quieren TENER HIJOS.

Javier Mauricio Otero Díaz
22 minutos atrás

En 2025 se registraron 441.537 nacimientos, lo que representa una disminución de 12.354 nacimientos frente a 2024, equivalente a una reducción 2, 7%. (Dane, 2026). La tasa global de fecundidad se situó en 1,0 hijos por mujer. La mayor reducción en 2025 fue en mujeres de 20 a 24 años.

Según el DANE, en lo que va del 2026 los nacimientos aumentaron un 1,5 % en comparación con el mismo periodo de 2025. Cabe preguntarse si este incremento es un hecho puntual que no modificará la tendencia general a la baja, o responde, por el contrario, a un nuevo patrón social que vuelve a revalorizar la paternidad y maternidad.

La respuesta al anterior interrogante depende de nuestra respuesta a la siguiente pregunta: quiero tener hijos ¿sí o no?

Dime qué es lo que más amas y te diré cuan fuerte eres.

Si le preguntaras a hombres y mujeres que ya son padres ¿qué es lo que más aman?, estoy completamente seguro de que el 99% respondería que sus hijos. Esta tendencia de amar a los hijos es un patrón natural que generalmente se observa tanto en humanos como en muchos animales. Sin duda, ha contribuido a la supervivencia de la humanidad a lo largo de miles de años.

¿Qué sucederá con la humanidad si pierde el interés por reproducirse? ¿Qué consecuencias podría enfrentar quien, voluntariamente, decide no tener hijos?

Estas dos preguntas anteriores contienen múltiples respuestas, matices y “dependes” que no podría abordar en su totalidad. Sin embargo, en esta columna, elijo enfocarme en la consecuencia de no tener hijos sobre la fortaleza mental.

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Te pregunto entonces: ¿cuán sólida es verdaderamente tu fortaleza mental? La respuesta que acabas de dar, ¿en qué se sostiene?, ¿de qué manera demuestras en la práctica esa fuerza de la que hablas?

Eres tan fuerte como aquello que más amas. Una de mis formas de evaluar la fortaleza mental de alguien es conocer su mayor amor.

Imagina que tienes frente a ti a dos personas: una sin hijos y otra con hijos. Ambas deben enfrentar situaciones adversas como hambre, enfermedad, desempleo, entre otros desafíos en la vida. Pregúntate quién de las dos tiene más probabilidades de poseer la fortaleza mental necesaria para afrontar cada una de estas situaciones.

Si usted, mi querido lector, aún no eres papá o mamá, ¿qué es lo que más amas? ¿estarías dispuesto o dispuesta a dar tu vida por ello? Puedo asegurarte que, como padres y madres comprometidos con nuestra paternidad (la gran mayoría), estamos dispuestos a enfrentar todas las batallas de la vida y a dar hasta la última gota de nuestra sangre por nuestros hijos.

Si no planeas tener hijos, ¿por qué estarías dispuesto o dispuesta a dar lo mejor de ti e incluso entregar tu vida? Definitivamente, lo que más amamos es aquello por lo que estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos.

Mi preocupación por aquellas personas que eligen no tener hijos es que, sin valores igualmente fuertes que los sustenten, puedan volverse más vulnerables ante los desafíos y problemas de la vida. A lo largo de mi carrera profesional, he tenido la oportunidad de conocer diversos casos de intento de suicidio y depresión. He observado que las personas con hijos tienden a mostrar mayor resiliencia frente a las ideas suicidas.

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Esta columna no busca cuestionar tu decisión de no tener hijos, ya que soy un defensor de la libertad individual y creo que cada persona debe ser libre de elegir y asumir su propio camino.

Mi objetivo es que reflexiones sobre lo que más amas, porque si decides no tener un hijo como uno de tus valores, ¿con qué lo reemplazarás? ¿Será ese reemplazo tan fuerte o más fuerte que el amor por un hijo?

Como profesional con experiencia en el estudio de la mente, debo ser sincero al decir que no es fácil alcanzar un valor igual o superior al valor natural de tener un hijo. Aunque es posible lograrlo, no es algo que se consiga fácilmente.

Por ello, aquellos que no puedan o no deseen tener hijos deberían esforzarse por cultivar valores trascendentales iguales o superiores, comparables al amor por los hijos, que les permitan ser mentalmente fuertes para enfrentar las innumerables tormentas de la vida.

En última instancia, la decisión de tener hijos es profundamente personal y debe ser respetada.

Sin embargo, es crucial que todos, independientemente de nuestras elecciones, busquemos cultivar valores y propósitos que nos fortalezcan mentalmente. Ya sea a través de la paternidad o de otros caminos significativos como por ejemplo la espiritualidad, encontrar aquello que nos impulse a ser mejores y más resilientes es esencial para enfrentar la vida con determinación.