La solicitud que Copa Airlines radicó el 21 de agosto ante la Aeronáutica Civil, para volar tres veces por semana entre Ciudad de Panamá y Montería, abre una discusión que va más allá del trámite. ¿Tiene el departamento la economía capaz de llenar esos aviones?
El consultor en desarrollo económico Boris Zapata Romero llevó ese planteamiento al programa Charlas en Contraste, de La Razón y planteó varias aristas.
El exsecretario de Competitividad de Córdoba propone leer al aeropuerto internacional Los Garzones como “un punto de llegada de los negocios “, porque una terminal así se sostiene con carga, inversión y viajeros de negocios, no únicamente con turistas que salen.
Las cifras del mercado explican la advertencia

Copa ofrecería unas 3.500 sillas mensuales, alrededor de 42.000 al año, cerca del 3 % de los 1.452.689 pasajeros que la terminal movilizó en 2025.
La cifra luce alcanzable hasta que se revisa de dónde saldrían esos viajeros: entre enero y junio de 2026 apenas llegaron 2.968 turistas no residentes al departamento, mientras el tráfico doméstico batió récords con 297.711 pasajeros arribados por aire hasta mayo.
Ese desbalance ya cobró una víctima; AeroRegional terminó su operación piloto hacia Panamá el 28 de junio tras cinco frecuencias, con ocho o nueve pasajeros por trayecto; “concentrarse en el anuncio es lograr la foto sonriente de hoy, pero la excusa sosa del fracaso mañana”, dijo Zapata.
La estructura productiva detrás de esa debilidad

La demanda internacional escasea porque la economía cordobesa exporta poco y concentrado. Entre el 70 % y el 80 % de las ventas externas del departamento salen del renglón minero, precisamente el que más cayó: minas y canteras retrocedió 15 % en 2025, según el balance del DANE.
Los sectores que sí crecieron paradojicamente no están desarrollados de forma industrial como el agro, que avanzó 5,6 %, deportes y entretenimiento subieron 9,6 % y Montería cerró con 74,02 % de ocupación hotelera, aunque ninguno de esos renglones alcanza aún un nivel exportable con valor agregado.
Ahí encaja la propuesta de transformar la biodiversidad, nuestras playas, la ganadería y otras potencialidades en valor agregado de mercado y articular a la academia, al sector privado y las administraciones locales en ese esfuerzo de hacer internacional no solo el aeropuerto, sino la economía departamental.





