El presidente Gustavo Petro aceptó la renuncia de Julián Molina como ministro de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), quien había asumido el cargo hace seis meses.
Molina se convierte en la primera baja confirmada después del temblor político que provocó la elección de Carlos Camargo como magistrado de la Corte Constitucional, resultado que no era bien visto por el Gobierno ni por varios analistas.
Otros dos funcionarios permanecen en la balanza: Antonio Sanguino, quien dirige el Ministerio de Trabajo desde hace siete meses, y Diana Marcela Morales, ministra de Comercio designada en mayo de este año.
Los cambios constantes en las carteras ministeriales generan obstáculos y frenos al retirar cabezas de equipos con cierta frecuencia. Esta situación se agrava en el último año de Gobierno, cuando las restricciones en gasto y ejecución por cuenta de la Ley de Garantías limitan las acciones.
En el sector TIC, varias voces reconocen que la falta de liderazgo en el Ministerio ha generado una cierta inercia que por momentos se siente como una parálisis. Por esta cartera han pasado ya tres cabezas.
Un funcionario, quien pidió no ser identificado, explicó: “Hay una caída de ingresos muy sensible en el sector. Es un Ministerio desfinanciado. Los operadores se encuentran en déficit y hay varias decisiones claves que siguen sin ser resueltas. No hay Norte, ni acciones claras”.








