El parque que puede mover 30 años de Córdoba

Boris F. Zapata Romero
4 semanas atrás

Entre los años 80 y 90, Bilbao era una ciudad industrial en crisis por el cierre de astilleros y siderúrgicas, un desempleo que llegó a superar el 25 %, el conflicto político y un entorno urbano muy deteriorado. Era uno de esos momentos de decisión estratégica de innovación pública.

Y lo asumieron con una apuesta que en su momento parecía arriesgada: impulsar una transformación integral de la ciudad con la cultura y la regeneración urbana como eje, escogiendo como símbolo el Museo Guggenheim.

En un antiguo terreno industrial degradado junto al río se construyó el museo, integrado en un plan de largo plazo que incluía el saneamiento de la ría (la desembocadura formada por los ríos Nervión e Ibaizábal hacia el mar Cantábrico), nuevas infraestructuras de transporte, la renovación del frente fluvial y la modernización de los servicios.

A esa apuesta se le llamó después el “efecto Bilbao”, gracias a más de un millón de visitantes en su primer año, detonación del turismo, un nuevo ancla para la reconversión económica, reducción del desempleo y reposicionamiento de la ciudad a nivel global.

Pensar en un parque industrial–tecnológico para Córdoba es una decisión estratégica de innovación pública que hay que tomar. Hoy seguimos compitiendo con empresas dispersas, que cargan solas con los costos de logística, certificaciones, tecnología y acceso a mercados. Un parque bien diseñado permitiría concentrar infraestructura dura (vías internas, energía confiable, conectividad digital, zonas de logística) e infraestructura blanda (ventanilla única de trámites, certificaciones de origen, servicios de innovación, formación de talento). Además, la ubicación de Córdoba en el corredor Caribe–interior del país, muy cerca de nuevos nodos portuarios de clase mundial, le da una ventaja geoestratégica que pocos territorios tienen para convertirse en plataforma exportadora.

No muy lejos tenemos ejemplos. En México se entendió hace rato que concentrar infraestructura dura y blanda en un solo lugar cambia el juego, y hoy agrupa más de 430 parques industriales con más de 3.800 empresas ligadas a la manufactura y los servicios globales. Precisamente allí, en Nuevo León, su apuesta seria por este modelo le ha permitido, entre 2022 y 2024, pasar de captar US$7.100 millones a US$33.700 millones en inversión extranjera directa, impulsado por el nearshoring y la expansión de sus parques industriales, con una cartera asociada de más de US$73.000 millones en proyectos y más de 360.000 empleos vinculados.

Para Córdoba, un parque industrial y tecnológico sería la pieza que falta para aprovechar el momento global del nearshoring. Con nuestra base agropecuaria, la creciente vocación turística y de energías renovables, un talento formado para la economía del conocimiento y una posición geográfica envidiable, un parque de este tipo permitiría pasar de vender materia prima a exportar productos y servicios con valor agregado cordobés, respaldados por certificaciones ambientales y digitales de clase mundial. Más que un conjunto de naves y cemento sería el laboratorio donde Estado, empresas, academia y comunidades construirían, en un mismo lugar, la nueva fase de la competitividad del departamento.

Boris F. Zapata Romero

Consultor en Competitividad, Innovación y Desarrollo Económico

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