En su último concierto en la ciudad de Cali, Yeison Orlando Jiménez Galeano, más conocido en la música popular como “El Aventurero”, le expresó a sus seguidores su intención de retirarse temporalmente en el 2026. “El próximo año voy a estar un poquito ausente, porque prometí que a mis 35 años iba a descansar un poco”.
No era la primera vez que lo manifestaba; en entrevistas recientes hablaba abiertamente de su salud mental y de su deseo de cantarle a Dios tras 20 años de trabajo incansable.
Esta intención no nació de un capricho. Yeison fue claro al decir que se debía a un profundo agotamiento físico y mental, y en particular, a reiterados sueños premonitorios sobre su muerte en un accidente aéreo.
Contaba que, en varias ocasiones, estos sueños se hicieron reales, pero con la fortuna de descubrir las fallas a tiempo gracias a lo que él llamaba la intervención Divina.
Toda esta serie de situaciones le hacían pensar que debía hacer un PARE. Tras su muerte trágica hace tan solo unos días, exactamente de la misma forma en que se le había revelado en sus sueños, me surge la duda:
¿Hizo el “Aventurero” todos los cambios que tenía que hacer con respecto a su familia, su cuerpo, su mente y su relación con Dios?
Esta duda me hace imaginar cómo fueron esos últimos momentos de este joven artista en esa pequeña avioneta al ver que, una vez más, se encontraba ante su sueño más temido, pero esta vez sin poder prevenirlo. ¿En qué pensó mientras estaba en el aire, a gran velocidad y con evidentes fallas mecánicas?
Tengo dos opciones de respuesta:
La primera es que Yeison, en medio del caos, hizo una oración y le dijo: “Gracias, Dios, por haberme preparado para este momento; ya hice todos los cambios en mi familia, con la gente, conmigo y contigo. Estoy listo para partir”. Deseo profundamente que esto sea lo que ocurrió.
La segunda opción me entristece: una escena dolorosa de un Yeison pidiendo una nueva oportunidad para cambiar, rogando perdón por no haber hecho los cambios cuando debía y por postergarlos para un tiempo que ya no llegaría. Los 35 años ya no podrán ser.
¿Aquellos sueños eran para prepararlo para la muerte o para librarlo de ella? No podré responder esto; solo esos últimos instantes tienen la verdad.
Pero a ti, querido lector, te pregunto: ¿En qué te hace pensar la vida y muerte de Yeison Jiménez?
A mí me hace pensar en tres cosas. Primero, que debo aprender a identificar las señales de alerta: el cuerpo cansado, la gente que me ama o Dios hablándome de diferentes maneras. Lo segundo es que debo PARAR; no mañana, ni el próximo año, sino YA.
Debemos estar preparados para morir, y la mejor forma de hacerlo es vivir cada día como si fuera el último. Si hoy tu respuesta a la pregunta “¿estás listo?” Es NO, ¿qué estás esperando para hacer los cambios que necesitas? Es muy fácil juzgar desde el sofá de la casa por qué Yeison no paró, pero nosotros somos su reflejo: siempre dejamos para después la transformación que la vida nos exige ahora.
Mi gran deseo es que todas las situaciones que le acontecieron a Yeison antes de su muerte hayan sido para prepararlo para partir de este mundo, y que él haya aprovechado todas esas señales para alistarse para su partida.
Que la memoria de este talentoso artista nos enseñe a ser conscientes de las señales y a entender que el cambio es hoy, y no en un mañana que podría no llegar.
Yeison Jiménez, me quedo triste por tu muerte y con las ganas de verte cantando para Dios.









