Despechados: Un fin de año sin ti

Javier Mauricio Otero Díaz.
3 semanas atrás

Levanten la mano los que les ha tocado —o les toca— pasar un fin de año sin la persona que aman.

Si este es tu caso, te entiendo muy bien. Sé lo que es recibir el Año Nuevo después de una ruptura amorosa. De por sí, un 31 de diciembre en Colombia está lleno de una carga emocional muy intensa: desde aquellos que lo viven con una euforia desbordada, hasta quienes lo experimentan con una profunda tristeza o melancolía… imagínate si a todo lo anterior le agregas una dosis de despecho.

Un 31 de diciembre “despechado” está lleno de falsas esperanzas y crudas realidades en relación con ese “otro” que ya no está.

Falsas esperanzas como:

  • Que va a volver.
  • Que me va a enviar un mensaje o me va a llamar para pedirme perdón.
  • Que me va a decir que me extraña.
  • Que nos daremos una nueva oportunidad.
  • O que, por lo menos, me llamará para desearme un feliz año.

Pero la cruda realidad es:

  • Que no va a volver.
  • Que no va a llamar para pedir perdón, ni para decir que me extraña, ni para proponer una nueva oportunidad.
  • Que, al parecer, está muy feliz, a juzgar por las fotos y videos que veo en sus redes sociales.
  • Que, si llegase a contactarme, será con un mensaje de “feliz año” más frío que el Polo Norte.

Si lo anterior no es tu caso, ignora esto; pero esta columna es para quienes sí van a enfrentar esta realidad, tal como yo la tuve que vivir en dos fatídicos fines de año.

Yo sé lo que es pasar desde el atardecer hasta el alba esperando una llamada, o tan solo un mensaje, de esa persona que un día manifestó amarte; esa a la cual le diste lo mejor de ti y con quien proyectaste todo un futuro que hoy no pudo ser. Yo sé lo que es scrollear sus publicaciones y verle feliz sin ti, mientras sientes que no puedes seguir. Yo sé lo que se siente verle en línea, repartiendo “feliz año” efusivamente a todos, menos a ti.

A las crudas realidades no hay que evadirlas: tenemos que enfrentarlas. Y hay tres formas de hacerlo: desde el futuro, desde el presente y desde el pasado.

1. Desde el futuro

Te regalo una frase poderosa que siempre me repetía en esos momentos de despecho de fin de año: “Javier, va a haber una madrugada en que este dolor ya no va a estar”. Sabes, después de navidades y fines de año difíciles y tormentosos, esa mañana siempre llegó. La tormenta acabó, gracias al Señor.

2. Desde el presente

El presente es para vivirlo, pero bien vivido. Si este es momento de llorar, debemos hacerlo. Pero hay que saber llorar; tenemos que aprender a transitar los dolores del corazón. Muchos “lloran mal”. ¿Cómo así, Javier? Sí, llorar mal es llorar por mentiras o razones equivocadas. Un ejemplo es llorar con culpa o recriminándote que “no fuiste suficiente”, cuando tienes toda la evidencia de lo contrario: que diste el 100% por alguien que, por decisión propia, decidió abandonar. Aprender a encontrar las verdaderas razones para llorar te permitirá pasar el duelo a tiempo y no quedarte estancado.

3. Desde el pasado

El pasado, si aprendes a usarlo a tu favor, es una gran herramienta. Te ayuda a entender tres cosas:

  1. Antes, tu ex no estaba: Si antes vivías sin esa persona, puedes construir un futuro sin ella.
  2. La realidad tras la máscara: Muchas veces idealizamos a alguien basándonos en mentiras, pero el tiempo te muestra quién era realmente. ¿Por qué persistir en estar con el reflejo iluso de alguien que te causa daño o no te ama?
  3. El aprendizaje: Entender si cometiste un error que ya habías vivido antes o qué cosas no deberías volver a hacer al elegir pareja.

Lo que más me gusta de mirar al pasado es saber que, a veces, lo mejor que pudo pasarme es que me hayan dejado. Si no, hoy no estaría experimentando el matrimonio y la linda familia que tengo. Obviamente, si estás en medio de la tormenta, tu realidad es otra; pero puedes aplicarlo así: medita por un momento por qué estás mejor ahora que cuando estabas con esa persona. Estás mejor porque antes vivías un falso amor y hoy puedes darte cuenta de ello, a pesar del dolor. Eso ya es una gran oportunidad para construir un proyecto futuro que sea verdadero, feliz y, sobre todo, en paz.

Querido lector, querida lectora: te acompaño con esa compañía que yo quise tener un 31 de diciembre. Te envío un fuerte abrazo de fortaleza, consuelo y esperanza. Estoy completamente seguro de que el nuevo año estará lleno de oportunidades para construir un futuro mejor. ¡Mucho ánimo y adelante para recibir este 2026!

P.D. Si notas que este momento te sobrepasa y no sabes cómo lidiar con tu pasado, presente o futuro, te recomiendo buscar a un buen profesional que te acompañe en este proceso.

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