Gustavo Petro le sugirió al Gobierno de Abelardo de la Espriella que desempolve la reforma tributaria de su propia administración y la use para financiar la reconstrucción de las zonas golpeadas por el terremoto.
El expresidente citó los calculos preliminares que la recuperación costará unos $30 billones y fue enfático en que el país no puede resolver esto a punta de deuda.
La fórmula que propone no es nueva, es la misma que radicó ante el Congreso y que, según sus cuentas, dejaría cerca de $20 billones. El diseño mantiene su postura de que paguen más los que más tienen. Petro la presenta ahora como la salida para no seguir empeñando al país con más crédito.
El detalle es que esa reforma nunca se pensó para un terremoto, nació para tapar el hueco fiscal del Presupuesto General de 2026, en medio de unas finanzas públicas que ya venían en rojo.
En aquella oportunidad, Bruce Mac Master, presidente de la ANDI, le salió al paso acusando al Gobierno de entonces de querer subir impuestos sin antes apretarse el cinturón en el gasto; el gremio insistió en que hacía falta austeridad, no más carga tributaria, y advirtió sobre el golpe a la inversión y la competitividad.
En el Congreso tampoco tuvo tregua, congresistas de las comisiones económicas se le atravesaron incluso antes de conocer el texto final, con el argumento de que el país ya estaba saturado de reformas tributarias.





