Las inundaciones que, el pasado mes de febrero, afectaron a la vereda Cedro Cocido, corregimiento de Leticia, en el municipio de Montería, dejaron huellas que van mucho más allá de los cultivos perdidos, los animales muertos y los enseres arrastrados por el agua. Dos meses después de la emergencia, los habitantes enfrentan una crisis emocional que nadie ha atendido formalmente.
Nelly del Carmen Madrid de Pérez, habitante de Cedro Cocido y propietaria de la parcela La Ponderosa, lo resume con una frase que no necesita traducción: “Oscurezco con mi tristeza y amanezco con mi tristeza”. La mujer, que vive sola y perdió 1.400 bocachicos, 700 cachamas, cuatro novillas, tres marranos y parte de sus cultivos, declaró no ser capaz de cuantificar en pesos el valor de todo lo que perdió. El daño emocional, dijo, le impide hacer ese cálculo.
A su testimonio se suma el de Francisco Esteban Mausa Benítez, otro habitante de la vereda, quien habló en nombre de los 280 pobladores que resultaron afectados. “Estamos anímicamente desvalidos, estamos paupérrimamente decaídos”, afirmó, y señaló que la comunidad necesita con urgencia acompañamiento psicológico, socioeconómico y social. El miedo a una nueva inundación agregó, se mantiene latente entre las familias, generando una angustia permanente que se suma a la incertidumbre por la recuperación de cultivos y animales.
Hasta el momento de este reporte, los afectado aseguraron que, ni la Alcaldía de Montería ni ninguna entidad de salud mental han hecho presencia formal en la zona para atender esta dimensión de la crisis. “La Personería Municipal y la Agencia Nacional de Tierras han sido las únicas instituciones que se han presentado en el territorio con ayuda humanitaria”, expresaron.






