Transición energética con sensatez y planeación

Por: Marcos Daniel Pineda García


Uno de los temas en los que más coincido con el actual gobierno, es su ambiciosa agenda ambiental. Es necesario avanzar hacia una política ambiental que propenda por el cuidado y el uso sostenible de los recursos naturales, la protección animal y la lucha contra el cambio climático.

En tal sentido, una de las principales estrategias, acorde además con una imperante tendencia mundial, es la transición energética, que busca lograr que la humanidad deje de depender de los combustibles fósiles que tanto contaminan el aire que respiramos y son los principales culpables del efecto invernadero que acelera el calentamiento global.

Aunque es una realidad a la que los colombianos no podemos ser ajenos, y en la que compartimos responsabilidad con el resto del mundo, veo con mucha preocupación los anuncios hechos por el Ministerio de Minas y Energía, relacionados con detener la exploración de nuevos yacimientos de gas natural, toda vez que las reservas actuales tan solo alcanzarían para cubrir la demanda de los próximos ocho años.

Preocupa que aunque dicha decisión se encuentra argumentada por razones medioambientales, se plantee como solución ante una eventual escasez de gas natural, la importación de gas venezolano, con lo cual lo único que lograríamos sería trasladar los presuntos perjuicios al país vecino.

Tampoco podemos dejar de lado las desastrosas consecuencias económicas que ello implicaría, ya que la importación del combustible impactaría directamente en el costo del servicio, no solo domiciliario, sino también en todos los bienes y servicios que utilicen gas natural en su cadena productiva.

Recordemos que el 60% de la cobertura nacional de gas se concentra en los estratos 1 y 2, lo que arrojaría como consecuencia, que las comunidades más vulnerables sean las más afectadas por mayores costos o escasez y con la posibilidad de que el servicio de gas natural domiciliario pudiera incrementar de 30 mil en promedio hasta 150 mil.

Además, la industria del petróleo y gas le podría generar ingresos a la nación por 105 billones de pesos durante los próximos cuatro años, y 109 billones de pesos adicionales en adquisición de bienes y servicios, lo cual repercute directamente en dinamizar las economías de los territorios y sus comunidades.

Si hablamos de combustibles fósiles, cabe mencionar que el Parlamento Europeo reconoció la explotación de gas natural como una actividad económica ambientalmente sostenible, que incluso ayudaría durante un proceso de transición energética global.

Detener de golpe la exploración de nuevos yacimientos y entrar a depender de importaciones, iría en contra de la naturaleza o el deber ser del Ministerio de Minas y Energía, que es garantizar la soberanía energética del país en el corto, mediano y largo plazo.

La transición a la que se apunta, más que pretender mostrar resultados inmediatos o cumplir promesas electorales, debería obedecer a un proceso progresivo, aterrizado a la realidad, planificado y concertado, en el que la ciudadanía no resulte ser la cenicienta del paseo, especialmente cuando seguimos trabajando en la reactivación y recuperación económica.

Si bien es de aplaudir que el país avance en la adopción de energías alternativas o verdes como la solar y la eólica, el contar con la infraestructura y la tecnología necesarias para cubrir la demanda, aún está muy lejos de ser mínimamente suficiente.

El mundo pide un cambio, metas ambiciosas han sido trazadas, Colombia no puede quedarse atrás y por ello decimos sí a la transición energética, siempre y cuando se haga con planeación y sensatez.



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