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Tranquilos, Gabo no va para el infierno.

“Luego de la brillante publicación de doña María Fernanda Cabal, estoy considerando el infierno como mi destino post-mortem” Sofía Unza Kolici. «Si alguien está poseído por todos los demonios es Josefa Miranda», dijo. «Demonios de rencor, de intolerancia, de imbecilidad. ¡Es detestable!» “Del Amor y...


“Luego de la brillante publicación de doña María Fernanda Cabal,

estoy considerando el infierno como mi destino post-mortem”

Sofía Unza Kolici.

«Si alguien está poseído por todos los demonios es Josefa Miranda», dijo. «Demonios
de rencor, de intolerancia, de imbecilidad. ¡Es detestable!»

“Del Amor y otros demonios”

FABIAN LÓPEZ SALEME

Lo mandaron al infierno. Eso no me preocupó. Al principio supuse que la Señora cree literalmente en la existencia del infierno como un sitio donde arden las personas eternamente en lagos de fuego y azufre.

Gabo no irá a ese sitio, por una razón sencilla, el infierno, tal como lo representa el mito Judeo Cristiano, no existe. Así lo demostró la ciencia con tal contundencia que lo tuvo que admitir el mismo Karol Wojtyła. Además no creo que el infierno fuera cosa que le preocupara a nuestro Nobel.

Me lo confirmó él mismo por la boca del Padre Delaura y de Sierva María de Todos los Santos. Pensé dedicarme solamente a leer sobre el asunto, sobretodo la columna de Alberto Salcedo, él dijo bastante sobre el tema. Sin embargo, esta madrugada en un gesto mágico de esos que sólo entendemos los costeños que lo hemos leído apasionadamente, Gabriel García Marquez me susurró al oído que existen personas que le otorgan tantos poderes al rey del infierno, que parecen más devotas del demonio que de dios. Así, irónicamente mediante un religioso, el padre Cayetano Delaura, me hizo entender que debía escribir, que no me atragantara, que no me quedara con la bendita espinita.

Me parece que la Congresista electa fue ligera con su mensaje. Se puede diferir del pensamiento de Gabo o de cualquier otra persona, se le haya o no otorgado un Nobel o cualquier otro premio. No obstante, mandar al infierno al Colombiano más célebre de todos los tiempos, y porque no, al más querido, simplemente por haber pensado distinto a ella no es una actitud sensata.

Le recuerdo que nuestra civilización está diseñada para mandar al “infierno” los argumentos de quienes piensan distinto a nosotros, pero respetando al individuo. El desconocimiento de este principio ha bañado nuestro territorio con mucha sangre de compatriotas. Si se quiere discrepar, es a través del debate civilizado y de los argumentos contundentes. Carajo con un tuit, sin son ni ton, no le luce, créame, no le luce.

Una de las cosas poco agradables de ostentar Altos cargos es la prevención para no hablar a la topa tolondra. Ese lujo se lo puede dar doña María, la anciana hermosa que vende las frutas en mi barrio, pero no una congresista electa. Mandar al infierno a las personas que ven las cosas de manera distinta no es propio de la tolerancia y el respeto, dos principios que usted debe defender y respetar desde su cargo de elección popular.

Yo entiendo que existen momentos en la vida en que uno desea mandar al infierno a alguien, a mí me suele pasar con mi jefe. Pero cuando se ostenta el título de congresista se tiene que pensar antes de hacerlo.

El problema no es que usted lo piense, incluso que lo desee, el problema es que lo haya dicho de una manera tan tibia y tan cargada de odio. Que usted esté en desacuerdo con Gabo, como persona, es normal. Qué usted no comparta el pensamiento de los Comunistas es normal, pero que por eso los mande a arder por la eternidad me parece extremista y exagerado, además un síntoma de megalomanía peligrosísima. Por pensamientos tan radicales Gabo fue exiliado, perseguido, ofendido y ultrajado, igual que muchos otros compatriotas menos célebres Políticamente lo único que se le puede imputar es haber querido conseguir acuerdos de paz sin importar las ideologías del gobierno de turno.

Ejecutar políticas públicas es función de los estadistas. Me preocupa, sobremanera, que los escritores les deleguen a los políticos la obligación de hacer literatura. Creo que nos iría muy mal, dado que en nuestro país algunos grandes líderes no se preocupan ni por leer previamente lo que firman, mucho menos se van a sentar a escribir novelas.

A los escritores les está permitido creer en el infierno aunque no crean en el diablo. Es más, quienes se dedican a ser escritores viven un infierno existencial permanente. Se transforman en personas demasiado sensibles, lo que implica, en este mundo que muchas veces nos muestra su faceta más bestial, un sufrimiento diario. Si no me cree, pregúntenle a mis amigos, Antonio Dumett o Un Tal Gabo, ellos le pueden explicar mejor que yo. Lo que realmente me preocupa es que ese infierno al que se envió a Gabo sea Metafórico, ese sí es terrorífico. Pregúntele a las Madre de Soacha y a los familiares de las víctimas de los desmembrados de Buenaventura, entre otros miles de colombianos, ellos si saben que eso.



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