Los extremos, se desfiguran y se encuentran

Por: Boris Zapata Romero


Cualquier país está en riesgo de retroceder si se insiste en aplicar medidas económicas que la historia misma ha ido desenmascarando por ineficaces y patrocinadoras de “roscas”, sean burocráticas o corporativas, que con el tiempo termina corrompiendo.

Lastimosamente aún la mayoría cree que existen solo dos caminos, aun cuando economistas prominentes como el profesor Stiglitz, descifran la posibilidad de una vía distinta, que han dado en llamar “capitalismo progresista”. Esta propuesta espera que caminemos de una economía basada en los grandes capitales “industriales”, a una economía basada en los servicios, la innovación y la sustentabilidad.

En este punto quiero recordar a Carlos Marx, por su aparente contradicción con el capitalismo, para mostrar como los extremos, se desfiguran y se encuentran. Comienzo por anotar que a Marx se le debe mucho por sus aportes en el impulso a las ciencias económicas; pero no entender las circunstancias en las que los desarrolló y con ello no ser capaz de hacer el ejercicio de filtrado de sus teorías para poder contextualizarlas, que es el error que pagaron naciones, como la venezolana por traer un ejemplo cercano.

Y es que expropiar activos privados para que el Estado asuma el control en asuntos tan variados como disímiles, como la industria petrolera, el manejo de la banca y las finanzas, la televisión, la comercialización de mercancía tanto de la canasta familiar como de la que está fuera de ella, es una muestra de un anacronismo e incompetencia imperdonable.

Cuando Carlos Marx advirtió que la concentración del capital en pocas manos era la gran contradicción del capitalismo y lo que predisponía a su propia desaparición al no poder evitarlo, tenía razón. Pero las situaciones que forman el contexto en el que lo dijo eran, entre otras, la existencia de un sistema feudal, el esclavismo, el saqueo de los colonizadores y el robo sistemático de tierras, y lo más importante, el sistema socio comunista no había fracasado porque no había sido experimentado.

Y contrario a lo que hasta ahora de seguro estarán pensando los admiradores de Marx, no estoy diciendo que sus teorías no aplican, por el contrario, lo que aseguro es que deben ser contextualizadas.

Al traer a la actualidad el concepto del capital en “pocas manos” se incluye a las pocas manos de quienes manejan el Estado, o usando un concepto más amplio que incluye los grandes capitales, el estamento, y esta exclusión de las mayorías genera, tanto en las expresiones más concentradas de capitalismo como del comunismo, toda clase de problemas sociales que con el tiempo son insostenibles.

Se trata entonces de no caminar ni hacia un “fundamentalismo de mercado”, ni a un “fundamentalismo de Estado”, si no de encontrar una prosperidad compartida, distinguiendo muy bien entre creación de riqueza y extracción de riqueza, y evitando que una minoría ejerza el poder, cualquier tipo de poder, en detrimento de una mayoría.

Cuando un grupo de personas u oligarquías, en el capitalismo salvaje, o un grupo de personas o burocracias, en el comunismo rancio, se convierten en los amos y señores de los activos a través de los mecanismos propios del sistema en el que juegan, y no son capaces de “extraer” aquellos valores imperceptibles que son los que realmente generan riqueza, son culpables por igual de dos eventos: de un lado de concentrar los factores que generan riqueza y del otro de estancar la economía al no aprovechar el intangible de los activos de la nación.

Los dos sucesos, como es obvio, generan pobreza y exclusión. Son los dos males que debemos combatir como sea para avanzar en humanización y desarrollo.



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