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Línea editorial

Por: Marcos Velásquez. FOCUS El sistema de las ideas, de las representaciones que dominan el espíritu de un hombre o de un grupo social, es lo que conoce Althusser como ideología. En un periódico libre, su línea editorial vendría siendo esto. En consecuencia, un ser...


Por: Marcos Velásquez.
Por: Marcos Velásquez.

FOCUS

El sistema de las ideas, de las representaciones que dominan el espíritu de un hombre o de un grupo social, es lo que conoce Althusser como ideología. En un periódico libre, su línea editorial vendría siendo esto. En consecuencia, un ser hablante ha de asumir una posición frente al “sistema de las ideas”: o trabaja para construir su propio vocabulario, su estilo de pensar, o se adhiere al vocabulario de los otros, quienes no dejarán de ser nunca la representación de sus opuestos, los que se pueden nombrar en un solo conjunto como: el Otro.

Así, el pensamiento, quien está hecho de palabras, posibilita que cada ser hablante trace la línea que las conjuga. Lo que entrega como resultado un estilo de pensar, un imaginario en el que habita cada ser hablante, que expone de modo crudo que, se es uno con palabras propias, es decir: pienso por mí. O se adhiere a lo que el Otro piensa: piensan por mí.

La línea editorial de esta columna, como es sabido, y en cada escrito se constata, asume la primera de estas dos opciones, dado que no hay tercera, salvo el acto de entregar lo que se piensa para que el Otro reflexione.

El objetivo de ello es una apuesta a cielo abierto para que el Otro encuentre eco en los presentes escritos y pueda encausar el orden de su propio estilo de pensar. El cual se pierde frente a tantos silencios, tantos discursos vacíos, tantos miedos, tantos ideales vendidos bajo el sofisma de lo gratis, lo inmediato o lo espectacular.

Hoy, cuando el escrito de Estanislao Zuleta, <>, se ha olvidado y las nuevas generaciones ignoran su existencia, encontramos un Otro que sólo pide resultados inmediatos, positivos y efectivos. Gracias a ello, todos, por el apremiante afán de vivir con “calidad de vida”, hemos desplazado nuestro deseo para sumarnos a la masa del facilismo y la complacencia de los demás.

Verbigracia, trabajamos grátis de modo desesperado como fotógrafos para subir nuestra intimidad a través de imágenes a las redes sociales, pensando que con ser vistos vamos a ser amados. Se olvidó que el amor hace parte de lo más intimo. Que es una construcción en el tiempo, donde la renuncia y la aceptación de los errores son la materialización de su fuego: el perdón.

En esta columna, FOCUS, he hablado de marca personal, un concepto desde el cual he procurado exponer la importancia de asumir en qué es bueno cada ser hablante. Lo que conocemos como talento en las escuelas de formación. Dado que en esta prisa desmesurada de figurar, muchas personas jóvenes y otras no tanto, estiman que el éxito es la cuenta en el banco llena, acompañada de las deudas en ceros. Que éste se mide por el nivel de reconocimiento o figuración. Y que si no se cuenta con este sustantivo en el vocabulario, no se puede hacer parte del Otro, el cual lo hace existir demeritando el talento, para acelerar el proceso de su llegada.

Pensar por sí mismo implica asumir un ritmo, lo cual tiene como consecuencia andar en los propios pasos y no a la velocidad que impone el Otro. Ello materializa, para quien tiene un estilo de pensar, apropiarse de la soledad y con ella saber hacerle naturales a los pitones de la vida, la cual enviste a través de las imposiciones del Otro, quien se incomoda cuando no es complacido en su caprichosa voluntad, o cuando por una brisa de la tarde queda descubierto su rostro y no alcanza a taparse con la muleta que él enviste.

La línea editorial aquí se enmarca en la perseverancia, la estética, la lealtad y la alegría. Aunque esta última se vea apocada en ocasiones por los desbordes de lo real. Sin embargo, el añejamiento ha permitido que las palabras, aunque en ocasiones no hayan sido comprendidas, continúen sosteniéndose en la literatura, en el arte de la palabra, quien no entra en rodeos mezquinos de si es de ficción o de no ficción, porque todo tipo de escritura es literatura, siempre y cuando esté bien escrita.

El periodismo lo he aprendido en la calle, humildemente escuchando, tratando de comprender las circunstancias de quien habla, intentando identificar por medio de la reportería los triángulos que habitan toda historia. Él me ha enseñado a discernir la realidad, la cual no es la misma para todos. Él me ha mostrado que cada vida es una historia y toda historia es una novela. Por ello, mi respeto a su práctica como a su técnica.

De este modo he comprendido que un artículo de opinión tiene el rigor de una crónica y que un escrito sólo tiene valor si cuenta una historia, así como un ensayo es más útil a la humanidad que un paper, dado que el primero insiste en la reflexión, mientras que el segundo arroja un resultado que niega la hermenéutica.

Por tanto, después de un silencio y de una relectura de <> del Abate Dinouart, doy total gratitud a LA RAZÓN.CO y a quienes me leen, por permitirme compartir a cielo abierto mi estilo de pensar, el cual se acompaña del sonido de las teclas y la escucha atenta del testimonio de quien tiene el valor de hablar.

Twitter: @MARCOS_V_M



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