1 año atrás

En Colombia la protesta ya no es un derecho, es un vicio

Por: Róbinson Nájera Galvis

Recientemente, unos estudiantes intentaron organizarme una protesta porque me hicieron un trabajo a medias, y por supuesto, yo les califiqué una nota media, pero quizás ellos no tienen la culpa porque eso es lo que ven en un País donde lo que está de moda son las marchas a toda hora, en algunas ocasiones con razón y muchas, muchísimas veces sin ninguna clase de fundamento.

La palabra PROTESTA según la Real Academia de la Lengua significa “Manifestación de oposición o desaprobación respecto de una cosa que se considera injusta”. También aparece en el Art. 37 de la Constitución Política como un derecho en que “Toda persona puede reunirse y manifestarse pública y pacíficamente” sin embargo, una cantidad considerable la ha tomado como una simple recocha.

Considero qué si este asunto continúa así, el ritmo de trabajo colombiano que de por sí no es muy alentador, bajará a niveles sorprendentes, pues muchos amigos de la pereza estarán más pendientes de las marchas de protestas que de su propio trabajo, caso se han visto en que a muchos marchantes se les pregunta, ¿por qué lo hacen? Y en realidad, no saben ni donde carajo están parados.

La protesta en nuestro País, representadas en marchas que llenan calles, obstaculizan el tránsito, bloquean actividades urgentes en cualquier momento, ha sido tomada igualmente para otros menesteres non santo, como fastidiar, entorpecer, debilitar al opositor incitando con mentiras al pueblo para que se una a la protesta, logrando que este importante medio de exigir derechos, pierda su valor.

¡Por favor! Los amantes de las marchas no me vayan a garrotear todavía, yo también soy amigo de las protestas, siempre y cuando tengan un fundamento claro, por ejemplo, si a los grifos de su barrio no le llega sino una lágrima de vez en cuando y el recibo viene puntual con una elevada cifra y al lado una tijera sonriéndole ¿qué espera para unirse a la revuelta con pancartas, gritos y consignas?

Todo esto me hace pensar que en todas las escuelas de Colombia hace falta una verdadera CÁTEDRA, no importa el nombre, que enseñe a los niños y jóvenes a exigir sus DERECHOS, pero también a cumplir con sus DEBERES, pues lo que logramos percibir es que se le está despachando mucho de lo primero y poco de lo segundo y tal vez de allí se desprende tanta reclamadera sin razón y sin aportar nada.

La mencionada cátedra también debería enseñar a elegir a nuestros dirigentes, en eso nos estamos equivocando de aquí a la Patagonia, es lógico qué si escogemos buenos gobernantes, desaparecerá la inconformidad y, por lo tanto, el motivo para protestar, pero lo normal ahora parece ser “Elegimos el de la tula más grande y después protestamos”. A propósito, este 1º de mayo, ¿cuál es la causa para marchar?