El cuidado de los abuelos: más allá de la ley, apunta al corazón

Por: Ricardo Nicolás Madera Simanca


Por estos días he estado reflexionando mucho sobre un tema que quiero compartir con ustedes…

Y es que he estado tan atento al tema que hasta recordé una canción del famoso cantante dominicano Kinito Méndez cuya letra, en la actualidad, siento que cobra mayor fuerza y sentido…veamos si la recuerdas, dice así:

“Acuérdate, acuérdate,

Cuando tu papi te cantaba (BIS)

Y te cargaba,

Y te mimaba,

Tú lo orinabas,

Y lo ensuciabas,

Te saltaba, te besaba y te cantaba así…  Duérmete mi niño duérmete mi amor…”

Y es que, precisamente en días pasados, el trabajo me ha mantenido cercano a discusiones profundas frente al cuidado de nuestros abuelos y abuelas y la semántica hoy por hoy nos pone frente a líneas delgadas, para algunos todo se trata de inclusión, para otros se trata de sensibilidad. Para mí, en definitiva, nos hacen falta acciones efectivas de respeto y enaltecimiento hacia nuestros adultos mayores, sin embargo, me gustaría invitarte a aportar en esta discusión.

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Para comenzar te regalo información de interés: en lo que va de este año, en la Defensoría del Pueblo Regional Córdoba se han atendido de 30 a 40 casos de abandono de abuelos a su suerte en sus casas o en centros asistenciales a los que van por una consulta o urgencia y a la hora del egreso, es triste ver que, no hay nadie que lo espere. En cuanto a maltrato, el tema es aún más delicado, teniendo en cuenta que no todos tienen la posibilidad, pero más aún, la vitalidad, para denunciar; sin embargo, el hacer presencia en los territorios nos ha permitido conocer, por parte de habitantes de las comunidades, casos en los que los abuelos y abuelas son víctimas de gritos, golpes y otras formas de violencia en su contra.

Hablemos de la ley y su forma de proteger a los abuelos, pues según la Constitución Política de Colombia establece en su artículo 46 casi que con una redacción poética que: “El Estado, la sociedad y la familia concurrirán para la protección y la asistencia de las personas de la tercera edad y promoverán su integración a la vida activa y comunitaria. El Estado les garantizará los servicios de la seguridad social integral y el subsidio alimentario en caso de indigencia.” Y como esta, son varias las leyes y decretos que promueven el cuidado de nuestros adultos mayores.

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Sin embargo, la realidad es otra y muchas de estas leyes están en el papel y no en la práctica de muchos. Son gigantes los desafíos que en este sentido le asisten a las entidades del Estado: mayor capacidad en asilos o centros vida, fortalecimiento del sistema de salud con cobertura integral que promueva su autonomía y mejore su calidad de vida y un capítulo especial para la salud mental que les permita sentirse acompañados, valorados y amados en su etapa de vejez.

Ahora bien, la responsabilidad no es solo del estado, pues la familia tiene un papel protagónico en esta historia en la que está conminada, por un tema puramente ético y natural, a cuidar de los adultos mayores pertenecientes a sus hogares.  Nuestros abuelos y abuelas son fuente viva de sabiduría y experiencia, sin duda, son ellos quienes mejor pueden guiar el rumbo de nuestros caminos con sus sabios consejos, y cuidarlos, más que un deber, debe ser un honor.

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Hoy te invito a hacer un alto y a mirar con mucha atención a esa abuela o a ese abuelo que tienes en casa, a valorar sus canas y arrugas, a escuchar la misma historia una vez más con paciencia y atención, a sacarles una sonrisa, a repetirles con amor cuando no escuchen, a dedicarles unos minutos para acariciar sus manos y contarles una parte de tu día, a llamarlos si no estás cerca y a visitarlos sin afán, recuerda que la vejez es una etapa de la vida, una estación a la que ellos ya llegaron y a la que todos esperamos llegar.