El COVID-19 de puertas para adentro

Por: Lucía Fernanda Márquez Palomo


La violencia de género ha sido uno de los temas más comunes a lo largo de la historia, hablar, comentar, revisar, leer casos e historias de miles de mujeres que han sufrido ese flagelo, y que sin querer nos hace indiferentes.

Cuando se ha vivido episodios de violencia por el simple hecho de ser mujer, nos da la fortaleza de entender que a diario este tipo de situaciones son vividas en todos los sectores, sociales y económicos. Ser mujer en Colombia no es más que ¿Violencias en el hogar?

Muchas víctimas de violencia física o sexual no denuncian simplemente por el miedo de que su agresor atente contra su vida, Hay una ineficacia del sistema estatal y por la doble victimización que sufren en estaciones de policía, comisarías de familia y fiscalías, de preguntas como: ¿Qué estabas haciendo cuando te paso esto?, ¿Abusaron de ti? ¿Mínimo estabas muy mostrona y por eso te ocurrió esto?

Todas estas preguntas, los estereotipos que hacen ver como naturales y que justifican la discriminación a las mujeres y las violencias contra ellas están arraigados en todas las estructuras tanto de la sociedad como del Estado, incluidas las autoridades responsables de la administración de justicia.

Aún encontramos barreras asociadas con la falta de credibilidad de los testimonios de las víctimas, su culpabilización y revictimización en las instancias administrativas y judiciales, entre otros obstáculos que limitan su derecho a acceder a la justicia.

La Corte Constitucional se ha pronunciado al respecto instando a que los operadores de justicia sean formados en enfoque de género y en derechos humanos de las mujeres. En esta crisis de emergencia sanitaria mundial la violencia económica es la más común en los hogares colombianos al principio no parece que lo fuera, por ejemplo, como cuando se le retiene o revisa el celular a su víctima o cuando la obliga a entregarle el sueldo para que lo maneje el victimario.

Muchos piensan que estos actos no constituyen violencia, pero lo es. Parte de las tareas que tenemos que desarrollar es la de señalar, identificar y divulgar cómo gestos que parecen cotidianos son, en realidad, violentos y un anticipo de mayor violencia probablemente física, pero también económica, como amenazar con dejarla sin sustento o sin el patrimonio que se haya adquirido

Con la llegada de la cuarentena, todo el sistema de violencia ha colapsado, la convivencia refleja quien es la persona que tenemos a nuestro lado, Bogotá es una de las ciudades donde a diario reportan los casos de violencia a través de la línea púrpura y de aliados de almacenes de cadena que se han sumado a esta causa donde se unen para denunciar alguna situación de  violencia, ni pensar en la región caribe, en donde el machismo es el diario vivir, no podemos comparar una mujer del interior del país a una de la costa caribe muchas veces leemos expresiones como “la mujer que se deja maltratar por su pareja es porque le gusta” o “una mujer que se viste con minifalda o ropa muy ajustada induce a que le falten el respeto en la calle”.

Todas estas expresiones no hacen pensar que debemos transformar imaginarios que las aceptan y justifican. Este aislamiento obligatorio ha permitido que muchas mujeres tengan a su lado el agresor que por muchos años ha venido destruyendo su tranquilidad y salud mental. El COVID-19 ya nos está poniendo a prueba de maneras que la mayoría de personas nunca habíamos experimentado antes que va pasar con todo esto luego que pase, en lo emocional y económico.

La violencia de género es un reflejo de nuestros valores, nuestra resiliencia y nuestra humanidad compartida, que se ven ahora amenazados. Nuestro empeño no debe consistir únicamente en sobrevivir al coronavirus. Debemos renacer de esta crisis con mujeres fuertes valiosas y muy empoderadas.



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