Dialogo, luego existo

Por: Róbinson Nájera Galvis


Opinión. Un hombre en un descuido dejó caer varios papeles frente a la casa de su vecino. El otro, creyendo que la acción había sido a propósito, a medianoche despedazó las hojas en la puerta del supuesto agresor, agregándole un montón de basura para que respetara. El primero, al abrir y encontrar los documentos que tanto había buscado, rotos en medio de residuos, ideó un nuevo plan para vengarse del que antes había sido su amigo. Fue así como de una simple tontería estaba a punto de formarse una guerra sin fin.

La trifulca no llegó a mayores porque uno de ellos tuvo la valentía de invitar al otro a ver qué había pasado, y con el DIÁLOGO pudieron aclarar que el acto inicial fue algo fortuito, sin ninguna malicia. Si en Colombia o en el mundo se echara mano de este valioso recurso antes de llegar a las agresiones ¿Cuántos conflictos se sortearían en el hogar, en el barrio, en el colegio, en el trabajo? y ¿Cuánta sangre derramada se evitaría? porque en algunas regiones se han visto casos concretos de familias que por un mal entendido se han eliminado entre sí.

La vida contemporánea que ha mejorado tanto en sus medios de información y en el avance de la tecnología en las comunicaciones, aún le ha quedado grande la tarea de que las personas aprendan a dialogar, lo que, considero, debe ser un reto igual o de mayor importancia que aprender a leer, a sumar o multiplicar porque en ello descansa la labor de comprender al otro y respetar sus gustos, sentimientos y pensamientos, algo demasiado difícil entre generaciones, sexos, razas, religiones y hasta entre hermanos, pero el hombre tiene el arma mayor: la inteligencia.

El asunto es más grave de lo que se piensa, porque el hombre en todas partes, incluso en las redes sociales, se está mostrando como un pobre animalillo que no controla su deseo de aniquilar al otro. Entonces, si en casa no se brinda la estabilidad de un hogar, la escuela es incapaz de ofrecer una buena orientación para encauzar la rebeldía, y la sociedad no abre los suficientes espacios para que todos los colombianos vivamos dignamente, es posible que entre todos estemos formando una generación de antisociales.

Monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, Expresidente de la Conferencia Episcopal: afirma que “El reconocimiento del otro como parte legítima en el diálogo, considerándolo más como adversario que como enemigo es fundamental para conseguir la paz”, sin embargo, cuando muchos padres de la Patria parecen devorarse en el Congreso, vemos desanimados que nuestro sueño no está a la vuelta de la esquina. Queda la esperanza de que algún día muchos entenderán que quien no aprenda a dialogar, no sobrevivirá profesionalmente en una sociedad más avanzada.



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