Decisiones incongruentes…

Por: Guillermo Montiel Payares


Opinión. La Real Academia de la Lengua Española (RAE) define la palabra incongruencia, como: “Dichos o hechos faltos de sentido o de lógica”; por su parte, la lógica la define como: “métodos o razonamientos en el que las ideas o la sucesión de los hechos se manifiestan o se desarrollan de forma coherente y sin que haya contradicciones entre ellas”, en ese orden de ideas, la ambivalencia en las decisiones del gobierno nacional, departamental y municipal, en cuanto a las acciones para mitigar el impacto del tercer pico de contagio y la disminución en la ocupación de camas en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), no tienen ni un ápice de congruencia ni de lógica, para la muestra, la permanente improvisación en el establecimiento de horarios restrictivos de circulación, la petición de regreso al modelo de alternancia académica y la tecnología al servicio de lo que podría considerarse un nuevo delito: “las fiestas privadas clandestinas en tiempos de pandemia”.

El dron vigilante de eventos sociales.

El escritor David Sánchez Juliao, en una de sus narraciones expresaba pintorescamente que uno de los pueblos de Córdoba, “no descansaba sobre un cementerio indígena, sino sobre un manicomio Chibcha”; presumo entonces, que David jamás dimensionó una pandemia como la que actualmente vivimos, sin embargo, se hace factible pensar, que tenía la absoluta certeza que hasta la peor de las tragedias o advenimientos, iba a ser asumido con displicencia y folclore y convertido de principio a fin, en una recocha interminable motivada por cualquier excusa para volverla todo un baile.

No pretendo con lo planteado, hacer cuestionamientos ni señalamientos o mucho menos juicios a priori sobre el comportamiento humano, cada persona es responsable de sus actos y de la manera como asume sus compromisos con la sociedad. Las condiciones para las reuniones sociales están dadas y lo que se haga a la vista o a escondidas del vigilante de los cielos, queda a criterio individual (las anteriores palabras para no repetir lo que expresaban jocosamente nuestros ancestros con respecto de hacer un fandango con la parte del cuerpo donde la espalda cambia de nombre), lo que sí parece irrefutable, es la sensación de indolencia y la falta de compromiso de la población en general, de empresarios, de deportistas, de rectores de instituciones educativas y principalmente, de algunos dirigentes públicos, caracterizados por seguir un modelo gerencial autocrático copiado de otras ciudades que al día de hoy solo ha dejado pérdidas humanas y materiales incalculables, al punto de motivar a la población a las puertas de una desobediencia civil.

Preciso aclarar, que no estoy incitando a tales extremos, pero confundir mansos con mensos implica asumir riesgos muy altos y en algún momento el hambre y la falta de empleo harán lo suyo; así que el día que los comerciantes informales, los propietarios de bares, los de establecimientos nocturnos y los artistas entre otros, salgan a protestar, no quedará más remedio que apoyarlos en su lucha. No es con presión, es con alternativas concertadas de solución. De hecho, resulta ilógico plantear un toque de queda después de las 10 de la noche, cuando durante el transcurso del día, el transporte público transita abarrotado por las polvorientas calles de nuestra ciudad; cuando entidades gubernamentales, EPS, IPS, notarias y entidades bancarias, entre otros, permiten ríos de gente en fila india bajo el inclemente sol caribeño; Incongruente es un pico y cédula que solo cumplen unos pocos por la falta de seguimiento al cumplimiento de los protocolos de bioseguridad por parte de las Secretarías pertinentes.

Absurdo también, que empleadores permitan en sus sillas empleados con síntomas de contagio con el argumento que “hay que esperar a que el compañero resulte positivo”. Ante tantas dificultades, resulta entonces más proactivo, acordar con empleadores la puesta en marcha de un sistema efectivo de teletrabajo o presencialidad en jornada continua (obviamente con incentivos o bonos de alimentación) para el toque de queda inicie más temprano (a las 7:00 p.m. por ejemplo, permitiendo el trabajo convencional de domiciliarios y restaurantes entre otros). Tanto es así, que el argot popular costeño refiere “que solo los perniciosos salen de rumba de lunes a jueves después de las 10 p.m.”

Alternancia académica imprudente.

Sinceramente no es fácil entender el afán de exponer a los estudiantes a posibles contagios; pareciera que trataran de justificar gastos que no debieron hacerse, en lo particular, considero que es mejor invertir en adecuaciones de infraestructura, en baterías de baño o en polideportivos acordes con las necesidades de cada institución educativa, que incurrir en la compra de insumos para bioseguridad que poco o nada han servido y que lastimosamente tienen fecha de vencimiento o están inmersos en procesos de calibración (para el caso de los medidores infrarrojos de temperatura).

Es necesario recalcar, que los rubros en lo que se incurre para el sostenimiento de la alternancia escolar es altamente costoso y por normativa, las instituciones deben asumir la entrega de elementos de protección personal, la señalización de áreas, el control interno de movilidad, el pago de pólizas de responsabilidad civil y sobre todo, garantizar las tecnologías de la información y la comunicación para profesores y estudiantes que decidan no participar en el modelo propuesto. En otras palabras, es mejor seguir educando virtualmente hasta que las condiciones estén dadas para asistir a clases de forma segura que malgastar el dinero de nuestros impuestos en modelos académicos poco productivos.

En definitiva, invito al gobernador, a los alcaldes, secretarios de educación y rectores de instituciones educativas, a gestionar primeramente los recursos para optimizar las condiciones locativas de los colegios, para que más adelante, el inicio de clases sea congruente con los planes de mejora proyectados y no cargado de restricciones adicionales a las ya existentes.

Mesura, solo mesura

Tal como lo expresaba en escritos anteriores, ya todo está dicho, creo que somos lo suficientemente inteligentes para entender que “esto aún no termina, que nos están dando la oportunidad de retomar paulatinamente a la normalidad”; que la “bendita cultura del auto cuidado” no es una simple frase de cajón, sino un estilo de vida. Es más, hagan lo que les plazca (obviamente que no los observe el dron), pero asuman las consecuencias sin afectar a los demás y no culpen a las instituciones de salud, muchos de los profesionales de este sector han fallecido por atender idiotas que pensaron que el Covid es una simple gripa; la mesura es un prototipo conductual de manifestación colectiva pero de aceptación individual; la reflexión por su parte, no es acto de percepción, sino un estado mental que mal enfocado termina convirtiéndose en ignorancia camuflada de terquedad. Recuerda que la vida y la salud de los demás, también están en tus manos, no seas incongruente con tus actos, no exijas lo que no eres capaz de cumplir.



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