Abuelita ¿Y esas manos tan largas?

Por: Róbinson Elias Nájera Galvis


Causa bastante curiosidad qué en oficinas, hospitales, notarías, bancos y otras, donde hay que firmar algún documento, el lapicero destinado a prestar el servicio generalmente luce amarrado de una cuerda, quizá para que nadie se lo lleve, pues costaría un dineral a la empresa sustituir un bolígrafo cada 5 minutos.

O tal vez se hace para evitar la tentación de los usuarios que sin intenciones caen en el delito de hurto, qué, aunque menor, podría resultar el inicio de una futura carrera delictiva de muchos ciudadanos que deciden poner en práctica aquello de que “la ocasión hace al ladrón”.

Lo del lapicero amarrado, a simple vista se ve como algo pintoresco, pero no lo es tanto, porque no está lejano el día en que las amas de casa opten también por amarrar las ollas, calderos, planchas, pantalones y demás para que no desaparezcan enredadas en las manos de quienes visitan la casa en son de chismorreo amigable o a realizar un trabajo pasajero, porque en los últimos años parece que a los colombianos en vez de enseñarnos el cuento de las orejas y los dientes grandes de la abuela de Caperucita, nos están mostrando es el de las manos largas para robarte mejor.

Estas cositerías que muchos quisiéramos fueran un simple juego, cada vez más se están volviendo un asunto demasiado serio. Con preocupación vemos que la realidad nos está revelando que la honestidad en nuestro país va cuesta abajo, y lo peor de todo, es que antes en los cuentos que nos inducían a leer en la escuela, quien actuaba mal recibía su castigo o terminaba mal en la historia, pero en esta época, los que desfalcan al Estado son aplaudidos y recibidos en sus pueblos como verdaderos héroes, con desfile, música y fiesta, como si la sanción jurídica y social hubiesen desaparecidos.

Recordamos con nostalgia como antes, si un niño se encontraba un billete, sus padres lo obligaban a buscar al dueño para devolvérselo, el taxista jamás tocaba la cartera que el pasajero dejaba olvidada o el esposo llevaba a la señora al banco a entregar el dinero que el cajero le había dado de más. Ahora duele ver como se ha pasado con rapidez al otro extremo, o sea a ese deseo de ganar mucho sin sudar, y esto va desde quien quiere pasar el año sin estudiar hasta los que atracan. Según la policía este año han sucedido 72.600 a mano armada, unos 800 por día, con un aumento del 18% con relación a 2021.

Pero pasando a otro nivel y esculcando un poco los casos de corrupción en Colombia en los últimos tiempos, creo que a todos nos debe embargar una combinación de impotencia, ira y miedo al ver la vulgar forma en que funcionarios y políticos se han robado a Colombia. Esto apenas es una mínima muestra: Reficar, unos $5 billones; Saludcoop, $1.4 billones; Cartel de la hemofilia, $86 mil millones; Interbolsa, $300 mil millones; Carrusel de la contratación, $2,2 billones; Cartel del sida, $210 mil millones; Min Tic, $70 mil millones, Implementación del Acuerdo de paz, $500 mil millones, etc. etc.

Entre la tranquilidad de la siesta y la ingenuidad de los sueños, me atrevo a pensar que este nubarrón de las tramoyas y los carteles que se roban hasta el alimento de los niños, algún día pasará para Colombia, mientras tanto, emulando un poco a Caperucita Roja pregunto al político corrupto: Hermano desvergonzado ¿por qué tienes esas manos tan largas?

 



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