La Suegra y la Reina: descargó su ira y su arma

Javier Mauricio Otero Díaz.
2 días atrás

Carolina Flores Gómez, exreina de la belleza de Baja California, fue atacada a tiros en el interior de su apartamento por su suegra, lo que lastimosamente acabó con su vida.

En el video se observa a la suegra manteniendo una discusión con su nuera antes de dispararle en repetidas ocasiones. Ante los gritos, el esposo se aproximó a la escena y, al hallar el cuerpo de su esposa, recriminó la acción de su madre. La respuesta de su madre fue: “No hice nada, me hizo enojar” y lo justificó diciendo: “Tú eras mío y ella te robó”. El esposo, por su parte, solo denunció el caso hasta el día siguiente, y eso permitió que su madre escapara.

Advertencia: El siguiente contenido por leer es sensible para suegras.

A las parejas no les gusta ser plato de segunda mesa.

No he conocido, dentro de mis años de experiencia como psicólogo y magister en familia, ni una sola clienta que me diga que se siente satisfecha de que su esposo tenga como prioridad a su madre por encima de ella misma.

No he encontrado el primer matrimonio feliz donde una esposa no sea la prioridad. Mi humilde conocimiento y experiencia en parejas me afirma que una relación saludable es aquella donde la pareja se prioriza, incluso por encima de sus propios padres.

Cuando me casé, tenía muy claro lo anterior y sabía que, si quería un matrimonio sano, tenía que priorizar a mi esposa por encima de todo; entre ese “todo” está mi madre. No saben ustedes qué difícil ha sido cumplir con ese principio matrimonial. Para que lo entiendan, les abriré mi corazón a ustedes, porque mi esposa ya lo sabe.

Si hay algo que yo más amo en esta vida es a la señora Felvia Díaz, mi madre. No ha habido mujer en toda esta tierra que me haya amado más que ella; han sido más de 40 años dándome cada gota de sudor y lágrima derramada por mí de forma incondicional. ¿Creen ustedes que otra mujer en esta tierra merecería ser prioridad por encima de mi madre? La respuesta es no; ninguna podría, en mi caso, sobrepasar lo que mi madre ha hecho por mí.

Entonces, Javier, ¿cómo dices que debo poner a mi pareja por encima de mi madre? Ese es precisamente el punto de la complejidad. Si me aferro al gran amor por mi madre, no se podrá construir un matrimonio y una nueva familia en sanidad relacional, que es mi otro gran proyecto aparte de amarla a ella.

Para agarrar hay que soltar. Me encontraba, entonces, entre dos cosas que amo: mi amor por mi madre y mi amor por construir una familia sana. ¿Qué hacía? ¿Me quedaba agarrado al amor de mi madre, priorizándola ante todo, o soltaba a mi familia de origen para emprender la construcción de un nuevo amor de pareja y familiar?

No estoy hablando de dejar de amar a nuestros padres, sino de que debo construir una relación más fuerte con otra persona que no es mi madre ni mi padre por el bien de una nueva familia. Mis padres tuvieron que hacerlo en su momento y ahora es mi turno. Porque una pareja fuerte y sana, mayor que el vínculo que tengo con mi madre, solo se construye priorizando la nueva relación.

¿Mi esposa merece, en comparación con mi madre, ser priorizada? No; mi madre le lleva 34 años de ventaja. Por ello, vivir en pareja es un regalo inmerecido, donde el otro deja lo que más ama por ti.

En este sentido, tenemos que estar a la altura de semejante decisión. Si mi pareja deja lo que más ama —sus padres—, lo menos que puedo hacer es amar a esa persona más de lo que sus buenos padres la amaron. Es decir: lo que yo espero de mi esposa es que tenga la misma o mayor entrega que la que mis padres tuvieron hacia mí y, de igual manera, eso es lo que ella esperaría de mí. Si no tienes una pareja que te ame igual o más que tus padres (buenos padres), no te cases.

Los buenos suegros entienden muy bien lo que acabo de decir; son los primeros en decirle a sus hijos que ya es hora de que prioricen a sus esposas o esposos por encima de ellos mismos. Porque saben que para que un matrimonio y una familia funcionen, la pareja debe ser la prioridad.

Pero también, los buenos padres son aquellos que deben proteger a sus hijos e hijas cuando saben que tienen como pareja a alguien que violenta, maltrata o abusa. En esos casos, este principio de priorizar no aplica. ¿Cómo carajos vamos a priorizar a alguien por encima de nuestros padres si en vez de amarnos nos hace daño? Nunca lo hagan. Dejen esa pareja y vuelvan a casa, donde sí los aman.

Finalmente, quiero decirles que yo tomé la decisión de priorizar a mi esposa. Para ello, tuve que vivir mi duelo al casarme y poner límites sanos entre mis padres y mi nueva familia. Sé que mis padres también sintieron ese mismo dolor por la separación; pero tanto ellos como yo queríamos que yo pudiese construir un matrimonio sano, y no había otro camino más que este.

Hoy vivimos felices y en una relación sana: mis padres con mi esposa, con su nieto y conmigo. Nos amamos inmensamente. Mi amor por mis padres sigue creciendo, pero ese amor tiene límites por amor a mi esposa y a mi hijo, en pro de una familia relacionalmente sana.