En la Costa Caribe colombiana se reportó el caso de un joven que, previo a un encuentro íntimo, consumió pastillas para mejorar su desempeño: los famosos potenciadores sexuales. Al parecer, según informaron las noticias, el consumo del estimulante (Viagra) provocó una alteración en su sistema cardiovascular que, posteriormente, lo condujo a la muerte.
Por si no lo sabías, los mayores consumidores de este tipo de estimulantes son hombres entre los 16 y los 25 años. Así lo indican los estudios, pero si tienes dudas, basta con acercarse a la droguería más cercana para confirmarlo por cuenta propia.
¿Qué está pasando con los hombres jóvenes y su salud sexual?
Uno esperaría que en la adultez tardía se encontraran los consumidores de primera línea de estas sustancias; sin embargo, son aquellos que poseen la mayor fuerza, energía y libido quienes, paradójicamente, las consumen con mayor frecuencia e intensidad.
Este frecuente consumo de potenciadores sexuales en la juventud no se debe a condiciones físicas que impidan su satisfacción o desarrollo; por el contrario, estos jóvenes cuentan con un cuerpo totalmente sano. ¡Entonces! Si no es un problema de salud física, ¿qué es?
La respuesta a por qué los jóvenes están recurriendo a estos fármacos se encuentra en su salud mental.
¿Qué tiene que ver la salud mental con la salud sexual? La relación es absoluta. En gran medida, las prácticas sexuales de los hombres están conectadas con su mundo interior; es decir, con sus estilos de vida mentales.
Las investigaciones sobre este asunto revelan que las razones que guían a los jóvenes a ingerir estos potenciadores son la ansiedad de desempeño, la presión social y los “retos” entre pares.
Nuestros chicos están alimentados por mentiras sobre la sexualidad y sobre lo que significa “ser hombre”. En un mundo donde el acceso al sexo ocurre a edades tempranas y donde abunda contenido falso en redes sociales sobre lo que un hombre “debería” hacer en la intimidad, los jóvenes son presa fácil del miedo a no cumplir las expectativas y fallarle a su pareja.
Sumidos en estos miedos, se sienten presionados a utilizar sustancias para alcanzar estándares irreales: erecciones prolongadas y un endurecimiento perfecto, todo con el fin de “sentirse machos” y cumplir con los retos impuestos entre pares. Ignoran que estos estándares son, en realidad, mentiras sociales antes que realidades biológicas de nuestra salud sexual masculina.
El peligro se intensifica cuando estos potenciadores son mezclados con otras sustancias, como el alcohol, lo que tarde o temprano pasará factura a la salud física y cardiovascular.
Lo más preocupante de este ciclo es que, al depositar toda su seguridad y confianza en estos fármacos, el joven termina creando una dependencia psicológica. Bajo este estado, deja de creerse capaz de satisfacer a su pareja si no hace uso del potenciador, anulando su propia capacidad natural.
Mi querido joven: si usted quiere ser un “verdadero macho” en la intimidad, no necesita una pastilla o una bebida afrodisíaca. Lo que usted necesita es trabajar en su autoestima, en su identidad masculina y en entender lo que realmente significa la salud sexual.
Para ayudarte a recuperar esa confianza, te dejo una lista de falsas creencias sobre lo que “debe” ser un hombre en la cama, contrastadas con lo que es natural y real en la vida sexual masculina:
· Firmeza: El mito dice que debes estar siempre listo; la realidad es que la erección fluctúa según el contexto y la emoción. Es biología, no falla.
· Duración: Olvida las maratones de una hora. El coito dura minutos; la calidad está en la conexión, no en el cronómetro.
· Eyaculación: No eyacular no te hace “menos hombre”. El cansancio o la falta de estímulo pueden evitar el clímax, y eso es normal.
· Tamaño: El placer femenino no depende de la profundidad, sino de la estimulación externa y superficial. Tu anatomía es funcional.
· Fluctuación: Perder la firmeza durante el acto por estrés o distracción es una respuesta fisiológica, no un juicio a tu virilidad.
· Iniciativa: No tienes que dirigirlo todo. El sexo saludable es compartido; las pausas y los cambios de ritmo también son masculinos.
· Dolor: Aguantar molestias no es de valientes. Escuchar las señales de incomodidad de tu cuerpo es clave para un encuentro seguro.
· El Proceso: El encuentro no es una carrera por el trofeo del orgasmo. Disfrutar del afecto sin la presión del resultado es madurez sexual.
· Vulnerabilidad: Los nervios y la ansiedad alteran la respuesta sexual. Reconocerlo y pedir tiempo es un acto de honestidad, no de debilidad.
· Deseo: No eres una máquina. El estrés y el cansancio afectan la libido; no tener ganas un día es parte natural de la vida
Hombre que me lees: no te automediques ni juegues con tu vida por seguir falsos estándares de hombría. Si presentas dificultades en tu rendimiento sexual, busca a un especialista de la medicina o de la salud mental.
Consultar a un experto será siempre mucho más inteligente que recurrir a medidas que ponen en riesgo tu sistema cardiovascular. Recuerda: consumir estas sustancias no te hace un “hombre de verdad”; cuidar de ti y de tu salud, sí.






