El fenómeno climático de La Niña, que trajo consigo temperaturas más bajas y mayores lluvias en buena parte del planeta, está en su recta final. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) comunicó que la probabilidad de que el fenómeno ceda paso a una fase neutral es del 60% entre marzo y mayo, porcentaje que trepa al 70% en el periodo abril-junio.
No se trata solo del fin de un ciclo. La OMM también proyecta que El Niño, el fenómeno opuesto, podría comenzar a instalarse con una probabilidad del 40% entre mayo y julio. Si eso ocurre, el mundo enfrentaría un escenario climático radicalmente distinto: más calor, menos lluvias en varias zonas y mayor presión sobre ecosistemas y comunidades vulnerables.
El tránsito entre fenómenos no es inmediato. Primero llega una fase neutral, un periodo de relativa estabilidad en el que las temperaturas del océano Pacífico ecuatorial vuelven a valores promedio antes de inclinarse hacia el calentamiento que caracteriza a El Niño.
La circulación atmosférica tropical también se reconfigura durante ese proceso, lo que genera efectos encadenados sobre los patrones de lluvia y temperatura en distintas latitudes.
La secretaria general de la OMM, la argentina Celeste Saulo, recordó que el último El Niño, registrado entre 2023 y 2024, fue uno de los más intensos de la historia y contribuyó de forma directa a las temperaturas récord de esos años.
La OMM subrayó que este ciclo natural ocurre en un planeta que ya acumula décadas de calentamiento inducido por la actividad humana. Eso significa que cada vez que llega El Niño, sus efectos se suman a una línea base de temperatura más alta, lo que potencia los fenómenos extremos y altera los calendarios estacionales de lluvia y sequía en todo el mundo.





