Córdoba también es política, pero de la buena

Boris F. Zapata Romero
1 día atrás

Colombia está a cuatro años de 2030 y el reloj de los Objetivos de Desarrollo Sostenible corre cada vez más rápido. Mientras la comunidad internacional presiona por transición climática, la mayoría de gobiernos sigue cometiendo el error de tratar la bioeconomía como un proyecto aislado, cuando debería ser un modelo institucional, una política pública.

El panorama global es complejo, pues según el informe más reciente sobre cumplimiento de ODS, solo el 36% de las metas avanzan adecuadamente. El 49% registra avances mínimos, y el 15% ha retrocedido respecto a 2015. La crisis climática ha elevado temperaturas 1,43°C sobre niveles preindustriales. La inseguridad alimentaria afecta a 2.300 millones de personas. La asistencia internacional para desarrollo cayó 23% en 2025. No hay tiempo para experimentos aislados.

Hace casi tres años, Córdoba demostró que existe un camino diferente. La Gobernación, a través de su Secretaría de Competitividad, no creó un proyecto de bioeconomía, creó una arquitectura territorial que integró actores públicos, privados y académicos en torno a una visión de largo plazo. Elaboró un marco jurídico vinculante institucionalizando la bioeconomía en su Plan de Desarrollo 2024-2027 y su Agenda Córdoba 2052. Colidero con la CVS una Política Departamental de Negocios Verdes que actualmente tramita ante su Asamblea Departamental.

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Lo revolucionario no fue descubrir que Córdoba tiene biodiversidad. Fue institucionalizar cómo se gobiernan esos recursos, cómo se articulan los actores y cómo se integran iniciativas en una visión territorial de largo plazo. Esto fue reconocido por ONU Pacto Global red Colombia como buena práctica de desarrollo sostenible precisamente porque puede ser replicable.

Ese reconocimiento de nivel internacional revela algo que hoy es urgente, la mayoría de los territorios latinoamericanos enfrenta desafíos similares a los de Córdoba, es decir ruralidad, desempleo, dependencia económica limitada, pero no tienen el modelo institucional para aprovechar su biodiversidad como senda de desarrollo.

Antes de avanzar, vale aclarar qué es bioeconomía, porque en Colombia circula como si fuera jerga de salones internacionales, cuando es simplemente un modelo de desarrollo económico basado en aprovechar la biodiversidad y los recursos biológicos en cadenas productivas de valor. Va desde alimentos y cosméticos sostenibles hasta fármacos, textiles de fibras naturales, energías renovables, ingredientes industriales. Son sectores que generan empleo, exportaciones y competitividad. En territorios como Dinamarca, Finlandia o Nueva Zelanda, donde la biodiversidad es limitada, han tenido que invertir décadas en investigación y cooperación internacional para construir bioeconomía desde cero. Colombia, con 10% de la biodiversidad del planeta, tiene la ventaja competitiva de estar donde está. Ignorar eso, no entender qué es, para qué sirve y por qué es el camino más viable para territorios con biodiversidad, es simplemente negligencia.

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Regresando al tema, la arquitectura territorial de bioeconomía que demostró Córdoba tiene componentes específicos como un marco jurídico vinculante, integración multisectorial con roles definidos, visión de largo plazo (al 2052), articulación con los ODS, y diversificación que toca desde innovación y emprendimiento hasta cadenas productivas sostenibles, turismo de naturaleza, energías renovables e industrialización de recursos biológicos.

No es tan complejo como parece, pero si es deliberado, y con esa política de la buena construida, Colombia necesita es replicar.

No hace falta reinventar. Colombia tiene territorios con biodiversidad comparable a Córdoba, y todos enfrentan la presión de la transición climática, la demanda global por productos sostenibles y la urgencia de generar empleo rural. Todos pueden institucionalizar lo que Córdoba ya creo.

Se que lo que falta no es ambición, a un colombiano jamás le faltara eso, pero si hay que entender que la solución no está en proyectos puntuales, sino en modelos institucionales que permitan una gobernanza territorial de crecimiento sostenible. Que bueno saber que reconocen que Córdoba también da buenos ejemplos.