Hay obras de infraestructura que pueden esperar. Y hay otras que, cuando se aplazan indefinidamente, terminan costando vidas, competitividad y oportunidades.
La construcción de la doble calzada entre Ciénaga de Oro y La Ye, y la ampliación a doble calzada del corredor Sahagún–Chinú–Sampués, pertenecen a la segunda categoría.
No estamos hablando de una carretera cualquiera. Estamos hablando de uno de los corredores estratégicos que conecta a Córdoba con Sucre y, a través de ellos, con buena parte de la región Caribe. Por este eje se movilizan diariamente pasajeros, productos agrícolas, ganado, mercancías y vehículos de carga que conectan centros urbanos, zonas productivas, puertos y mercados.
La propia Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) ha reconocido la importancia de este corredor. En la documentación correspondiente a la denominada iniciativa privada Córdoba–Sucre, se contemplaba expresamente la construcción de segundas calzadas entre Ciénaga de Oro–La Ye, Sahagún–Chinú y Chinú–Sampués, además de variantes para varios municipios. Sin embargo, aquella iniciativa fue declarada fallida en julio de 2024 porque el originador no presentó los estudios de factibilidad dentro del plazo establecido.
Y aquí surge la pregunta inevitable:
¿Hasta cuándo vamos a seguir esperando?
No podemos esperar otra tragedia para reaccionar
La seguridad vial debería ser suficiente argumento para acelerar la solución.
En septiembre de 2026, la Gobernación de Córdoba informó que, con corte al 25 de agosto, los siniestros viales habían dejado 45 personas fallecidas y 94 lesionadas en el departamento. Sahagún y Ciénaga de Oro aparecen entre los municipios identificados por las autoridades con alta siniestralidad, junto con Chinú, entre otros.
Y los hechos recientes recuerdan que el problema no es una discusión académica.
En julio de este año murió un ciclista después de resultar gravemente herido en un accidente ocurrido en el sector de Salitral, sobre la vía Ciénaga de Oro–La Ye.
En septiembre, un vehículo en el que viajaban una madre y sus dos hijos terminó volcado cerca de La Ye, cuando se desplazaban hacia Montería.
Cada accidente tiene una historia detrás. Una familia. Un padre. Una madre. Un hijo. Un trabajador. Un estudiante.
Por eso, la discusión sobre la doble calzada no puede reducirse a kilómetros de pavimento.
Estamos hablando de vidas humanas.
El tráfico también cambió
La infraestructura debe anticiparse al crecimiento económico, no llegar después de que las carreteras hayan colapsado.
El corredor Córdoba–Sucre soporta un flujo permanente de vehículos particulares, transporte público y transporte de carga. La Ruta 25 conecta territorios productivos y constituye una vía fundamental para la movilidad regional.
La propia ANI señaló, cuando se realizaron intervenciones de mantenimiento en el corredor, que la vía beneficiaba a habitantes de municipios como Montería, Cereté, Ciénaga de Oro, Sahagún, Chinú, Sincelejo y otros de Córdoba y Sucre.
Además, ya existe un precedente que demuestra que la ampliación del corredor es posible: en 2017 fueron puestos en servicio 12 kilómetros de segunda calzada entre Sampués y Sincelejo, con cinco retornos y dos puentes. La ANI destacó entonces que la obra hacía más segura y rápida la conexión.
Entonces, resulta difícil explicar por qué algunos de los segmentos que soportan una enorme movilidad siguen dependiendo de una sola calzada.
Sahagún y Sampués no pueden seguir pagando el costo
Hay puntos del corredor donde adelantar un vehículo pesado significa exponerse a una maniobra de alto riesgo.
Una sola calzada obliga a compartir el mismo espacio entre automóviles, buses, motocicletas, camiones y tractomulas.
Cuando aumenta el tráfico, aumenta también la posibilidad de conflictos entre los diferentes actores viales.
Y cuando, además, existen accesos a poblaciones, retornos, intersecciones y circulación permanente de peatones y motociclistas, el riesgo se multiplica.
Por eso, Sahagún–Chinú–Sampués requiere una solución integral y no simplemente reparaciones periódicas.
Lo mismo ocurre con Ciénaga de Oro–La Ye.
De hecho, hace años se planteó que este último tramo debía ser incorporado a una futura ampliación. La discusión lleva demasiado tiempo sobre la mesa.
No es solamente una obra de Córdoba: es una obra del Caribe
Aquí deberían hablar juntos los gobernadores de Córdoba y Sucre, los alcaldes de Ciénaga de Oro, Sahagún, Chinú y Sampués, los congresistas de ambos departamentos, los gremios económicos, los transportadores y las organizaciones sociales.
La discusión no debería ser quién se atribuye la gestión.
La pregunta debería ser:
¿Cómo conseguimos que el Gobierno nacional priorice, financie y ejecute esta obra?
Porque una carretera moderna no solamente reduce tiempos de viaje.
También disminuye costos logísticos, mejora la competitividad, facilita la salida de productos agrícolas y pecuarios, favorece la inversión y conecta a nuestras comunidades con mercados más grandes.
Córdoba y Sucre no pueden seguir conformándose con mantener la carretera mientras las necesidades de movilidad crecen mucho más rápido que la infraestructura.
El momento de actuar es ahora
No propongo que se anuncie otra vez un proyecto para después archivarlo.
Propongo que se construya una agenda regional de gestión, con estudios actualizados de tránsito, seguridad vial, costos, predios, financiación y estructuración contractual.
Y que esa agenda tenga una meta concreta:
Ciénaga de Oro–La Ye y Sahagún–Chinú–Sampués deben avanzar hacia la doble calzada.
La experiencia demuestra que, cuando una parte del corredor se moderniza y otra permanece en calzada sencilla, se generan cuellos de botella y se desaprovechan los beneficios de la infraestructura.
La región no necesita más promesas.
Necesita estudios, financiación, cronograma, responsables y ejecución.
Porque, mientras nosotros seguimos discutiendo la obra, la carretera continúa funcionando todos los días.
Y cada día que pasa, miles de personas siguen exponiéndose a ella.
La doble calzada no debe verse como un lujo para Córdoba y Sucre. Debe entenderse como una inversión estratégica en seguridad, competitividad y desarrollo regional.
Ya hemos esperado demasiado.
Ahora corresponde convertir la necesidad en una prioridad nacional.





