¿Eres una mamá reborn? El caso Alejandra

Javier Mauricio Otero Díaz
33 minutos atrás

Alejandra Arias es una de las tantas mujeres en el mundo que se definen como “mamás reborn”, término que surge de los bebés reborn. Hace unas semanas, Alejandra y su esposo comentaban que estaban muy tristes porque “su hijo”, Batmancito, como le llaman, no fue aceptado en una guardería privada de la que deseaban que su bebé formara parte.

Para los que aún no saben qué son los bebés reborn, les comento que son muñecos hiperrealistas diseñados para parecer recién nacidos, elaborados con gran detalle (piel, peso y rasgos), que suelen usarse con fines de coleccionismo, emocionales o simbólicos. En el caso de Alejandra, su uso es emocional: comenta que le fue sugerida la “terapia de bebé reborn” por su psiquiatra para superar la depresión y el duelo de no poder tener hijos por condiciones médicas.

Si escuchas hablar a Alejandra en las redes sociales, te darás cuenta de que ella es consciente de que “su hijo” es un muñeco y no un bebé real. ¡¿Entonces?! Te preguntarás: ¿Qué sentido tiene? Tiene todo el sentido, por más irracional que te parezca. Te prometo que, si lees hasta el final, el caso de esta colombiana se parecerá tanto a ti, aunque no lo creas.

Soy psicólogo, y parte de mi trabajo es entender la conducta humana por más irracional que parezca a nuestros ojos. En este caso en particular: cómo entender a Alejandra y a “su hijo” Batmancito.

La primera afirmación que haré respecto a la mente es que a la mente la podemos engañar; aunque, para mi gusto, ella nos engaña a nosotros. La mente no siempre busca la lógica, busca la función. Existen mecanismos automáticos en nuestro sistema nervioso diseñados para esquivar el dolor emocional. Estos procesos nos permiten ‘engancharnos’ a objetos o fantasías para obtener un bienestar momentáneo, sirviendo como un refugio donde la razón pierde peso frente a la necesidad de no sufrir.

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Ejemplifiquemos cómo esto se vive en casos más cotidianos, más allá de las “mamás reborn”:

¿Cómo explicamos que haya personas que, aun sabiendo que sus parejas les son infieles, prefieren creer que no está pasando nada? Las frases más populares son: “el que busca encuentra” u “ojos que no ven, corazón que no siente”. Prefieren evadir y concentrarse en otros aspectos “positivos” para no afrontar su realidad.

¿Cómo explicamos a quienes beben alcohol, fuman o consumen alguna droga sabiendo que eso los está matando? Su mente necesita crear ese mecanismo de evasión para sostener el consumo, aunque la razón les diga que es irracional.

¿Cómo explicar que le llames “hijo” a tu perro, sabiendo que no lo es, pero te ayuda a evadir la complejidad de tener un hijo real?

Hay personas que se refugian en jornadas laborales de 14 horas, no por necesidad económica, sino para evadir un hogar vacío, un matrimonio roto o la soledad. El trabajo es su “muñeco”: una estructura que les da una identidad y un propósito ficticio para no enfrentar el vacío emocional de su vida privada.

Quien se somete a cirugías constantes buscando una apariencia de 20 años cuando tiene 60. Racionalmente saben que el tiempo pasa, pero el espejo “tuneado” es su mecanismo de evasión para no tramitar el duelo por la finitud de la vida y la vejez.

El joven (o adulto) que vive sumergido en un mundo virtual donde es exitoso, poderoso y reconocido. Ese avatar es su “bebé reborn”: una realidad paralela donde se siente bien para no enfrentar que en el mundo real se siente incapaz de socializar o conseguir empleo.

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La persona que ante una tragedia o una pérdida devastadora se repite a sí misma “todo está bien, el universo conspira a mi favor” sin permitirse llorar. Su “bebé reborn” es esa narrativa de felicidad forzada que le impide tocar el suelo de la realidad y, por ende, sanar.

Mi querido lector: ¿cuál es tu bebé reborn? ¿Qué es eso que hoy te ayuda a evadir lo que tanto te duele, temes o no deseas perder, pero que racionalmente ya sabes que es una mentira? A pesar de lo irracional, te aferras a ello.

La columna de hoy no busca proferir juicios sobre Alejandra, y mucho menos sobre mis lectores; pero de tampoco busca justificarlos, por más que los comprenda. Más bien, estas letras son un llamado a no evadir. Porque evadir no es sanar, aunque se nos venda con ropajes terapéuticos y se sienta muy bien vivir así.

Lastimosamente, algunos le tienen tanta aversión al sufrimiento que siempre andan en busca de algo que les ayude a “hacerle el quite” al dolor, aunque eso signifique vivir en una mentira que ellos mismos conocen. En el camino de la vida hay una estación que a todos nos aguarda llamada sufrimiento, ante la cual lo mejor es afrontarla con verdad y realidad, sin evasiones.

La realidad, en ocasiones, es cruda y dolorosa, pero en la VERDAD se encuentra la sanidad de nuestra alma. Si sientes que te sobrepasa la realidad del sufrimiento, pero estás dispuesto a afrontar la verdad y dejar de evadirla con un mundo irreal, te invito a buscar ayuda profesional que te brinde las herramientas para hallar la paz en medio de la tormenta.