Reforma agraria: Más allá de la compra de tierras

Por Carlos Ordosgoitia Sanin
4 semanas atrás

Es momento de volver la mirada hacia el campo, dotar a nuestros campesinos de las herramientas necesarias para que la tierra sea productiva, sentando las bases para una transformación del campo colombiano con el propósito superior de crear las condiciones de bienestar social y desarrollo económico que la sustraigan de la pobreza rural extrema, garantizando para siempre una vida digna para la población rural de nuestro país.

En Colombia el 75 % de los municipios son rurales, los cuales abarcan el 94 % del territorio nacional; el 30% de la población se identifica como campesina, lo que representa aproximadamente 15.2 millones de personas en nuestras zonas rurales. A lo largo de décadas, estas comunidades han enfrentado una serie de problemas graves: conflicto armado, distribución inequitativa de la tierra, falta de servicios públicos, infraestructuras viales deficientes y escasez de oportunidades educativas y laborales. Por ello, es imprescindible una reforma agraria que transforme las condiciones de nuestro campo y lo convierta en un motor para la economía nacional.

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Este tema ha sido recurrente en el debate público y político, donde, a mi juicio, se ha cometido el error de asociar la reforma agraria exclusivamente con la compra de tierras. Es vital repensar este enfoque e implementar un modelo integral y sostenible que verdaderamente beneficie a nuestros campesinos y promueva el desarrollo rural como nunca antes.

Para lograr una verdadera reforma agraria, es crucial avanzar en varios frentes a la vez. En primer lugar, debemos proporcionar apoyos económicos y tecnológicos, y abordar la legalización de predios. La clave está en garantizar los insumos necesarios para hacer productivas las tierras, lo que debe ir acompañado de la formalización de la propiedad, brindando seguridad jurídica y facilitando el acceso a créditos y otros beneficios esenciales para una utilización efectiva y sostenible de los terrenos.

Otra pieza fundamental de esta reforma debe ser la creación de asociaciones de campesinos, las que permitirán llevar a cabo proyectos agrícolas sin la necesidad de ser propietarios de la tierra, promoviendo un uso más eficiente y coordinado de los recursos, la implementación de prácticas agrícolas innovadoras y la diversificación de las actividades económicas rurales.

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Es indispensable fomentar alianzas estratégicas entre el sector campesino y la academia para adelantar estudios de suelos y hacer recomendaciones de cultivos según las características climáticas. Además, la capacitación continua y la asistencia técnica son esenciales para que los campesinos puedan mejorar sus prácticas agrícolas.

Es también crucial desarrollar estrategias efectivas de comercialización a través de alianzas público-privadas, las que deben priorizar la demanda alimentaria interna y abrir puertas a mercados internacionales. A lo que se debe sumar, la creación de mercados locales y regionales, respaldados por políticas públicas para garantizar que los productos agrícolas lleguen de manera eficiente a las centrales de abastos y a precios justos para los consumidores.

Debemos empezar a reconocer que el papel del sector rural en la seguridad alimentaria de Colombia es esencial. Estas zonas producen la mayoría de los alimentos que consumimos diariamente y el fortalecimiento del sector campesino no solo aumentará la oferta de alimentos, sino que también estabilizará precios y reducirá la dependencia de importaciones, contribuyendo así en la autosuficiencia nacional en términos alimentarios y generando un impacto positivo en la economía general del país.

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Una verdadera reforma agraria en Colombia debe centrarse en el desarrollo rural integral, construyendo un modelo agrícola inclusivo, sostenible y próspero que elimine el hambre y posicione al país como un actor significativo en el mercado agrícola mundial.
Es hora de mirar con nuevos ojos nuestro campo y fortalecer a nuestros campesinos mediante una política pública que realmente promueva la equidad. Solo así podremos construir un sector agrícola próspero, incluyente y sostenible que beneficie a toda la nación y asegure un futuro mejor para las generaciones venideras.