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Por la Dignidad del viejo

Por: Marta Saenz Correa@saenzcmarta Por casualidad me encontré en una fila de una entidad bancaria de la ciudad, con don Augusto Amador Soto, quien siempre ha sido muy afectuoso y generoso para conmigo por aquello de la fraternidad de la masonería, mi papa al igual...


Por: Marta Saenz Correa @saenzcmarta
Por: Marta Saenz Correa
@saenzcmarta

Por casualidad me encontré en una fila de una entidad bancaria de la ciudad, con don Augusto Amador Soto, quien siempre ha sido muy afectuoso y generoso para conmigo por aquello de la fraternidad de la masonería, mi papa al igual que él, pertenecían a una de las logias de la ciudad, y muy entusiasmado me presento su último libro “Vejez Productiva”, en el cual hace un reconocimiento a las personas que el jocosamente denomina Viejos, en los diferentes escenarios de la vida, con los hijos, con los nietos, los paradigmas y realidades de la vejez, el sexo, las necesidades básicas en la edad avanzada, en fin muchos temas de importancia para compartir.

Me gustaron muchos apartes del libro, pero resaltaré los que más me interesaron; un anónimo: “El hombre no envejece cuando se le arruga la piel sino cuando se le arrugan sus sueños y sus esperanzas, nada más cierto, todos tenemos la edad que ejercemos, cada día que pasa nos vamos envejeciendo pero cuando disfrutamos el divino tesoro de la juventud no lo entendemos, y nos damos el despreciable lujo de rechazar y menospreciar a los viejos, olvidando que también algún día gozaremos de ese privilegio”.

Como declarada admiradora del Papa Francisco, no puedo dejar de lado lo manifestado por él respecto al tema que nos ocupa, pues destaca la importancia que tienen los mayores como vehículo de transmisión de sabiduría, y afirma que: “los viejos tienen la sabiduría que les da el haber caminado mucho. Como los ancianos Simeón y Ana en el templo, cuya sabiduría les hizo reconocer a Jesús, demos esta sabiduría a los jóvenes; como el buen vino, que con los años se vuelve todavía mejor, demos a los jóvenes la sabiduría de la vida”. El papa, resalta la importancia de nuestros adultos mayores, en una sociedad donde por desgracia, en muchos casos tiende a olvidar el papel que desempeñan tanto a nivel global, en la sociedad, como a nivel particular en las familias, es sin duda signo de alabanza.

Nuestro autor también resalta la vejez como santuario del conocimiento y de la sabiduría, el viejo produce más con menor esfuerzo, porque tiene la experiencia, proyecta bien su trabajo y reparte mejor el tiempo, no improvisa, es cauteloso y preciso en el actuar. Adicionalmente tiene la autoridad para difundir lo aprendido en el recorrido de la vida, no tiene límites y educa, porque su pedagogía es natural.

Uno de los paradigmas más odiosos que rodean el concepto de viejo en nuestro medio, es el de considerarlo un enfermo, un discapacitado y hasta inservible, el criterio equivocado ha hecho carrera, a tal extremo que ya muchos lo han aceptado con resignación, considerándose ellos mismos achacosos, un lastre para la familia. Son muchas las expresiones desobligantes que se escuchan a diario acerca del viejo en condiciones deplorables tanto en salud como en lo económico, estas situaciones han generado suicidios en los diferentes municipios del departamento a falta de una mano amiga en su entorno.

Es por ello a que los invito a tratar a nuestros adultos mayores con respeto y dignidad, a darle su reconocimiento como un ser humano activo y participativo, a respetarle su espacio en su núcleo familiar, a darle el apoyo familiar y social que le garantice una calidad de vida útil y agradable. De igual manera a que se le ceda el paso, a que se le concedan sitios privilegiados en todos los lugares donde llegue, en los bancos, tiendas, cines, oficinas públicas, en el transporte, se le debe atender enseguida y de preferencia. Toda vez que sea posible, enorgullecerse de su edad y las ventajas que le proporcionan. La vejez no se rechaza ni se le teme, se disfruta con la gloria del que llego primero.

El maestro Augusto Amador, nos presenta recomendaciones para cambiar esos paradigmas, los cuales son muy reales: cuide su imagen, vístase bien de acuerdo al momento, el sitio y el acto en el que participe; no se aísle, el viejo que se aísla pasa del desapego a una muerte social; realice pequeños ejercicios especialmente en los amaneceres, una buena caminata por sitios arborizados; nada de gestos de viejo acabado, de espalda encorvada ni pies arrastrados, conserve la cabeza levantada con expresión de vitalidad; nada de lamentos, ni de achaques; el que habla de mala situación o enfermedades lo dejan solo; para tiempos malos y tiempos buenos la mejor consejera es la buena cara.

Nuestro autor con sabiduría natural resalta las trece virtudes morales de Benjamín Franklin, quien consideraba que el servicio que más le agradaba a Dios es hacerle el bien al hombre y buscaba cultivar su carácter mediante un plan de trece virtudes que continuó practicando de una forma u otra por el resto de su vida: templanza, silencio, orden, determinación, frugalidad, laboriosidad, sinceridad, justicia, moderación, limpieza, tranquilidad, y humildad. Considera el autor que estos valores, y virtudes son esenciales para fomentar las relaciones fraternales entre los seres humanos.

Para finalizar quiero hacerle público reconocimiento al maestro Augusto Amador Soto, por sus obras escritas: Cultura del Porro, La Cordobesia, Cultura Ciudadana y muy especialmente por Vejez Productiva, Por la dignidad del viejo, obra donde presenta toda su experiencia de vida, su entusiasmo, y compromiso con su proyecto de vida.



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