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No es piropo, es acoso

Por: Mónica Páez | Tu Plan B


Mehmet Genec es un fotógrafo turco que se encargó de retratar a mujeres de Latinoamérica antes y después de recibir un piropo, hoy su campaña “You are so beautiful” da la vuelta al mundo retratando la belleza natural de la mujer tras un halago. Si bien los resultados fotográficos de su campaña son inspiradores, ¿por qué una mujer dice sentirse ofendida e incluso acosada tras recibir un piropo en la calle?

Las diferencias de contexto saltan a la vista y es que una cosa es recibir un halago consentido y otra cosa es que lancen sobre ti palabras insinuantes e intimidantes, reforzado en ocasiones con acercamientos que invadan tu espacio personal. El piropo callejero va desde miradas morbosas, silbidos o comentarios lascivos camuflados en halagos y es acoso porque genera inseguridad, rabia, miedo o asco.

Algunos buscan culpar el vestir de la mujer, pero si algo he aprendido es que nada tiene que ver lo que lleves puesto cuando a la lujuria masculina le da por no tener filtros, podrías estar cubierta de pies a cabeza, igual te van a decir cosas que no quieres escuchar porque el piropo callejero no distingue edad, vestimenta o estrato social, sin contar que esa justificación sobre las ropas sólo trata de culpar a la víctima de acoso.

Viendo hacia el pasado, la palabra piropo proviene del griego “pyropus” que significa “rojo fuego” los romanos tomaron esta palabra para clasificar una variedad de piedras preciosas más conocida como rubí. Los rubíes eran entregados por los pretendientes como símbolo de amor, entre más grande el piropo, mayor poder económico, mejores apellidos e intereses, pero como es natural, no todos los hombres tenían el dinero para regalar rubíes a sus enamoradas, a cambio éstos regalaban lindas palabras poéticas.

¿En qué momento el sentido original del piropo se convirtió en acoso? ¿cuándo pasamos esa raya? No estoy segura, de lo que estoy segura, es que no quiero seguir caminando por las calles de mi ciudad teniendo miedo, sintiéndome acosada, no quiero tener que cambiarme de calle o de usar audífonos para ignorar comentarios lascivos, no quiero sentirme expuesta.

A las mujeres nos ha funcionado caminar poniendo cara de seria, ignorar y a algunas más valientes dirigirse al desconocido para confrontarlo diciéndole “Sr, no me diga esas cosas, respete”. No queremos ser valientes, simplemente no queremos piropos y creemos profundamente que el hombre en su inmensa capacidad de entendimiento es capaz de respetar.

Abro debate: ¿Qué piropos te han dicho y cómo te has sentido? Deja tu comentario.



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