La voz del pueblo ¿Si será la voz de Dios?

Por: Robinson Nájera Galvis


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Opinión. Les cuento que vivo pidiéndole a todos los santos para que no me vaya de este mundo sin ver a varios departamentos y a muchos municipios de Colombia en manos de excelentes gobernantes. Esa es una especie bastante escasa en un país de religiosos, que asisten habitualmente a misa, se persignan ante las imágenes, recitan al pie de la letra la palabra de Dios y simultáneamente adoran y pelean por los corruptos que pisotean los mandamientos y votan por ellos con un entusiasmo desbordante.

Dicen que “La voz del pueblo es la voz de Dios”, sin embargo, ¿eso será cierto? Veamos: se supone que el pueblo también habla a través del voto, pero una voz que se vende por un bulto de cemento o una hoja de zinc no puede ser la voz de Dios. Y en este acto, que debería ser inteligente y responsable, es que estamos perdiendo la oportunidad de hacer un pacto serio con quienes nos van a gobernar. De allí que en Colombia sea más fácil encontrar una aguja en un pajar que a un buen político.

Por ello es que a medida que avanza el tiempo veo mi sueño más enclenque. La democracia que tanto alaban los sabihondos es un completo desbarajuste. El político no escucha al pueblo y hace lo que le da la gana porque le compra el voto. El pueblo dice que lo vende porque necesita para comer. El político recupera, de los impuestos que paga el pueblo, el dinero que invirtió multiplicado por 5 o 6, mientras que la gente idiotizada pelea por los de derecha y los de izquierda. Y mi anhelado sueño sigue en nada.

Definitivamente perdimos la voz ante los políticos. Pensé hacer pedagogía mostrando a varios dirigentes la parábola de Min- Li, que refiere la historia de un rey que mandó a su hijo donde el Maestro Pan Ku para que lo preparara en el arte del BUEN GOBIERNO. Resulta que el discípulo fue enviando varias veces a percibir diferentes sonidos y solo tuvo aprobación cuando aprendió a escuchar los corazones de su gente, sus sentimientos, sus sufrimientos y las quejas que llevaban por dentro.

Tenía todo listo para enviar este cuentecito a algunos políticos, pero desistí porque seguro la mayoría me iba a contestar: ¿De qué me hablas viejo?, con esa pedantería que no los deja ver la angustia que está viviendo la gente. Creo entonces que la PROTESTA es una forma de recuperar nuestra VOZ. La caída del Ministro de Hacienda y de las nefastas reformas tributaria y de la salud, así lo demuestra. Pero la mejor estrategia y la menos traumática es EL VOTO; con esa herramienta, con la participación ahora de los jóvenes y sin tanto alboroto, podemos demostrarles a estos desalmados que La voz del pueblo sigue siendo la voz de Dios.



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