Apenas la plenaria del Senado cerró la votación con 73 votos por el sí y 11 por el no, Gustavo Petro tomó su teléfono y contestó desde X a quienes durante toda la tarde pidieron dejarlo anclado en Colombia.
“Un ser humano es libre y debe ir a dónde lo inviten y quiera aceptar la invitación. No estoy preso ni he cométido ningún delito, el que haya gente que no me quiera no es motivo para impedir que decida viajar o no”, escribió el exmandatario, que entregó el poder el pasado 7 de agosto.
El mensaje apuntó directo al argumento que usaron sus opositores en el recinto: que un permiso de doce meses le abriría la puerta para eludir las investigaciones abiertas en su contra.
“No hay requerimientos judiciales o de la interpol contra mí”, repondió el expresidente. Y enseguida enmarcó el trámite parlamentario como un simple deber legal, no como una tutela sobre su agenda: “Soy libre y solo por condicionamiento constitucional debo avisar al Congreso a dónde voy, que no será sino a comunicar mis ideas políticas y lo que aprendí en el ejercicio pleno de mi vida”.
La proposición que salió adelante nació en la bancada del Centro Democrático y fija una sola exigencia: reportarle al Senado la fecha y el destino de cada salida antes de emprenderla.
Del otro lado quedaron los inconformes como el senador Enrique Gómez usó la misma red social para lanzar su reproche: “El Senado hoy ha concedido a Petro el permiso para huir”, dijo, y aseguró que el exgobernante no volverá a responder por los procesos que lo involucran.
En la misma publicación, Petro se salió del terreno político para responderle a la prensa por su vida privada. “En innumerable oportunidades he visto periodistas asignándome parejas sentimentales. Decidir sobre una pareja sentimental es cuestión solo de dos personas y de nadie más”, afirmó.





