MONTERÍA: entre la MEDIOCRIDAD y la EXCELENCIA

Javier Mauricio Otero Díaz
38 segundos atrás

Montería HOY se ha convertido en un referente de excelencia educativa a nivel nacional. Los monterianos se han posicionado en el primer lugar en la Costa Caribe en los resultados de las Pruebas Saber 11 del presente año 2026.

Y a nivel nacional pasó del sexto lugar al cuarto entre las ciudades capitales de todo el país demostrando el avance que han venido teniendo en los últimos años las instituciones educativas de la capital cordobesa: evidenciando que no se ha tratado de un golpe de suerte sino fruto de un proceso continuo que ha apostado por hacer de los estudiantes y la educación monteriana un referente de excelencia educativa.

Uno de los mayores logros que hoy gozan en Montería es con el privilegio de tener la mejor institución rural del país, Kilometro 12, y no se trata de una dirección, es el nombre de la Institución Educativa con el más alto puntaje de nuestra Colombia rural. Y qué decir de la Institución Educativa PÚBLICA, Mercedes Abrego, la cuál es la tercera en todo el país.

Mis queridos lectores, no me digan si esto no es de admirar de una ciudad la cual NO ha dado un golpe de suerte si no un impacto de esperanza y de determinación.

¿Por qué aún los Monterianos no son referentes de excelencia en otras áreas?

Porque muchos han escogido “El Sillón de la Mediocridad”

¿Qué tan mediocre eres?

Es una de las preguntas que nos deberían confrontar este tipo de noticias, que nos muestra que tener buenos resultados no solo se trata de tener talento sino determinación: disciplina y arduo esfuerzo, el testimonio de Yahel Ali Bitar Díaz, el estudiante que obtuvo el mejor puntaje de la capital sinuana con 472 puntos es muestra de lo que puede ocurrir cuando alguien se determina a dejar la mediocridad e ir por la excelencia.

Puedes leer:  Premio de Periodismo Cultural Guillermo Valencia Salgado celebró su tercera edición 2026

¿Por qué eliges ser mediocre? De seguro tendrás lista una serie de falsas justificaciones y pensamientos que sabotean cualquier intento genuino de mejora.

El mediocre no es bruto ni carece de talento; al contrario, muchas veces se trata de personas sumamente inteligentes y capaces de sobrevivir gracias a sus habilidades natas, pero invirtiendo el mínimo esfuerzo posible. En su mente no existe la disciplina para alcanzar la excelencia ni mucho menos razones para ello.

El mediocre tampoco quiere ser el último; se conforma con ser el promedio. No desea ser el peor, pero tampoco le motiva la excelencia; solo anhela instalarse cómodamente en la media, donde “lo suficiente” basta para pasar el año.

Si lo pensamos bien, el mundo está habitado por una gran mayoría de personas en esa zona gris. Solo basta con mirar cualquier distribución estadística para comprobarlo: unos pocos abajo, unos pocos arriba, y una inmensa masa en el centro de la mediocridad.

A mis 15 años descubrí que yo mismo era un gran mediocre. Huía de ser el estudiante de bajo rendimiento, pero tampoco me esforzaba para ser el sobresaliente. Me sentía muy cómodo en el sillón de la mediocridad llamado “promedio”; lo único que verdaderamente me importaba era hacer el mínimo esfuerzo para aprobar los cursos.

Puedes leer:  Premio de Periodismo Cultural Guillermo Valencia Salgado celebró su tercera edición 2026

Hasta que fui confrontado por historias y realidades, como esta notica, que me colocaron en la encrucijada: o permanecía en el “Sillón de la mediocridad” o escogía el camino angosto de la determinación.

La historia de aquellos tres jóvenes de 17 años llevados a Babilonia a una prueba de sabiduría, donde llegaron a sobresalir diez veces más que los demás gracias a su firmeza espiritual y académica, me sacudió por dentro. Me obligó a pararme del sillón de la comodidad y lanzarme al trasegar de la excelencia, la integridad y a la calzada del trabajo duro de ser 10 veces mejor.

Desde ese día todo cambió. Por primera vez felicitaron a mis padres por mi excelencia académica, y más adelante jamás volvieron a pagar matrícula completa en mi universidad porque ocupaba siempre los primeros puestos. Pero, sobre todo, ellos nunca tuvieron que preocuparse por mi integridad, ni siquiera cuando estuve a miles de kilómetros de distancia en otra ciudad, porque comprendí que la excelencia no se trata solo de notas altas, sino de carácter y coherencia.

Por eso, desde los 16 años tengo prohibido volver a sentarme en el cómodo sillón de la mediocridad.

Mi querido lector, ¿dónde estás sentado hoy?

Mi invitación es que esta gesta de nuestros estudiantes monterianos y esta columna actúen como un terremoto interior que te levante del sillón de la mediocridad. Nunca es tarde para ser excelente; ya seas un niño o te arropen los años, mientras haya vida siempre existirá la oportunidad de mejorar y ser diez veces mejor en lo que te corresponde ser y hacer.