Según una publicación del diario estadounidense The New York Times, elaborada por el fotoperiodista Federico Ríos, una mina de oro denominada La Mandinga operaba bajo el dominio del Clan del Golfo dentro de los predios del Batallón Rifles 31, ubicado en el municipio antioqueño de Caucasia.
El material periodístico expuso cómo esta actividad clandestina se desarrollaba en suelo perteneciente al Ejército Nacional, con presencia activa de trabajadores y maquinaria especializada para la extracción aurífera.
El contexto del caso parte del trabajo de campo realizado por Ríos, quien empleó tecnología aérea para documentar el funcionamiento de la mina.
Las tomas con dron permitieron observar a los mineros utilizando mangueras de alta presión sobre terreno selvático que correspondería al Ministerio de Defensa.
Mediciones satelitales referenciadas en el reportaje ubicaron la explotación a unos 137 metros de áreas reservadas al uso interno de la base castrense, una proximidad que motivó la verificación posterior con autoridades militares.
Entre los detalles más sobresalientes figura la postura inicial del coronel Daniel Echeverry, comandante del batallón, quien negó la existencia de actividad minera en predios oficiales.
No obstante, durante un recorrido conjunto con el periodista por la zona boscosa, el oficial constató directamente la presencia de equipos en funcionamiento, pozos con barro y personal extrayendo el mineral.
Ante esta comprobación, ordenó una acción militar donde los uniformados destruyeron motores, quemaron herramientas y seccionaron las mangueras.
La reacción de los mineros incluyó lanzamiento de piedras, uso de machetes, amenazas verbales y el derrame de gasolina sobre los soldados.






