Yaacob Haary, argentino-israelí de 71 años, relató por primera vez las condiciones extremas que sufrió durante 15 meses como preso político en Venezuela, tras ser liberado sin condena y actualmente refugiado en Israel.
El hombre describió el encierro en una celda de 1,60 por casi cuatro metros, donde “el baño era un agujero en el piso, al lado de la cama. Dormías, comías y vivías respirando eso”, sin agua corriente ni luz, conviviendo con mosquitos, moscas y cucarachas.
“Lo importante para ellos no era que estuvieras bien, era que sufrieras”, afirmó Haary sobre el sistema carcelario que calificó de maltrato psicológico permanente. Los guardias “pasaban antes de las cinco de la mañana para ver si estabas vivo. No era cuidado, era control”.
El argentino estuvo dos meses y medio con diarrea y semanas sin poder respirar, pero cuando pedía ayuda le respondían “estás anotado”. Reveló que le hicieron análisis de sangre y materia fecal, pero “después me enteré de que tiraron las probetas a la basura”. Sus pulmones quedaron destruidos y aún sufre secuelas.
Nunca le informaron por qué estaba detenido. En un juicio que calificó de “teatro”, las autoridades lo acusaron de terrorismo junto a otros presos, afirmando tener “121 pruebas” y que lo seguían desde 2023. “En 2023 yo ni pensaba en Venezuela”, respondió Haary.
El régimen lo despojó de su identidad, llamándolo Abraham Molina. “Si decía mi nombre real, respondían: ‘Aquí no existe Yaacob Haary'”. Debía firmar todo con ese nombre falso y colocar su huella digital.
“No les importaba quién eras ni cuánto dinero tenías. Les importaba que fueras extranjero”, explicó sobre el uso de presos como moneda de cambio con otros gobiernos. Había reclusos políticos de 45 nacionalidades distintas.
Su socio venezolano intentó suicidarse cortándose las venas frente a él, perdiendo más de tres litros de sangre. Los custodios “primero le pusieron una máscara para que no viera. Ese era el protocolo”.
Al liberarlo, lo obligaron a firmar que “me habían tratado bien y respetado todos mis derechos”. Haary firmó, pero escribió sus objeciones en el documento antes.







