Dicen que lo peor de la soledad, es que es un tiempo para tener un cara a cara con uno mismo.
Hace unos días, la Junta Directiva del Banco de la República de Colombia tuvo nuevamente que reunirse para atender el problema del momento, la inflación. La medida adoptada fue la de aumentar las tasas de interés al 10 %, en la búsqueda de restringir la moneda circulante y con ello lograr recuperar la capacidad adquisitiva del peso.
Y en eso están todos los países. Solos. Hoy, cada estado democrático se encuentra en una lucha contra la inflación, adoptando todas las medidas que consideren necesarias, así afecten a otras naciones, pues a pesar de ser conscientes del mundo interconectado en el que vivimos, los rectores de la política macroeconómica de cada estado tienen la tarea de salvar su economía.
El Banco Central de EEUU, reconoce los desequilibrios que traen consigo estos movimientos de las tasas de interés – que señaló como, efectos transfronterizos- pero también, que no puede sino hacer su tarea, por su economía; y como lo dijo Lael Brainard, vicepresidenta de la Reserva Federal, “La política monetaria será restrictiva durante algún tiempo para garantizar que la inflación regrese al objetivo con el tiempo”. Así que estamos solos.
Los resultados de la Encuesta Mensual de Expectativas Económicas, que dio a conocer esta semana el Banco Central de Colombia, no son tranquilizadores, al pronosticar un cierre de este año con una inflación del 11,22%.
Así que, estando solos, ¿qué verdades nos debemos decir?
La primera, la expresó la Junta del Banco de la República cuando anotó que, “La política monetaria de los países desarrollados se ha tornado más contractiva de lo previsto, lo cual se ha reflejado en un deterioro de las condiciones financieras internacionales y en una significativa depreciación del peso y de otras monedas”. Imposible ser más claro.
Lo segundo, es entender que el gasto fiscal que necesita hacer el gobierno actual, mal que bien, debe atenerse a las políticas monetarias del Banco Central, que de por sí no la tiene fácil, y atacarlo no es correcto.
Para nosotros también aplica el llamado de atención que hiciera Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, a la Primer Ministro del Reino Unido: “No prolongue el dolor”.
Lo tercero, es aprovechar la coyuntura para pensar fuera de la caja. Atender la coyuntura es una conocida receta de aguante, pero transformar la economía para hacerla más resistente a todos estos fenómenos, es una de romper el molde.
Buscando como ejemplarizar con experiencias en países pobres, encontré la de Ruanda. Allí lograron pasar del horror del genocidio, a ser una de las economías en crecimiento a resaltar en el mundo, gracias a que reconocieron su potencialidad en la agricultura, comenzaron a aplicar en ella desarrollos tecnológicos y a transferir estos conocimientos a los productores, logrando diversificar los cultivos, e impulsando la creación y agregación de valor en sus productos y servicios agropecuarios.
Otro ejemplo, Uzbekistán. Allí han logrado que las exportaciones de productos hortícolas, pasaran en 2017 de USD 570 millones a más de USD 1200 millones en la actualidad, y todo a través de romper el molde para lograr una diversificación agrícola de cara a la sostenibilidad.
Así que, parodiando a la economista del University College London Mariana Mazzucato, al referirse a la situación del Reino Unido y las fallidas medidas que trato de impulsar su gobierno en contravía de su propio Banco Central, lo que hay que emprender es un programa visionario de inversión pública.
La soledad que atravesamos, nos debe llevar a decirnos que no es el momento de recetas obsoletas; que no es el momento del gasto; que no es el momento de brillar en la coyuntura, a costa de la obscuridad del mañana. Que es el momento de apretar el cinturón, y empujar la producción.
Esa verdad incómoda, trata sobre qué si bien necesitamos del sector privado, también lo es qué el fomento del crecimiento aún depende en Colombia, de un Estado que, en todos sus niveles, invierta con inteligencia en sectores claves como la bioeconomía, la informática y las telecomunicaciones.
Lo que necesitamos es el “estado emprendedor” que propone Mazzucato, ya que permite sembrar la semilla del crecimiento económico, gracias a la inversión e innovación estatal. La soledad no es eterna. La inflación, menos. La incertidumbre y vulnerabilidad de la pobreza tampoco debería serlo.
Por: Boris Zapata Romero / Consultor en competitividad y desarrollo





