El sector algodonero de Colombia está buscando una reactivación sólida y sostenible, con planes ambiciosos para aumentar la superficie de cultivo y la productividad. Después de años de declive, el objetivo es alcanzar las 36.100 hectáreas sembradas para el año 2025, en comparación con las 16.000 hectáreas del año pasado. Este resurgimiento del “oro blanco” se centra en el uso de cultivos transgénicos.
Aunque el algodón fue un cultivo icónico en la década de 1970, con más de 350.000 hectáreas cultivadas, su producción se volvió insostenible debido a la baja productividad y los altos costos asociados al control de plagas. En consecuencia, las áreas de algodón se redujeron a menos de 10.000 hectáreas.
El uso de cultivos transgénicos está siendo fundamental para revivir la industria. Colombia actualmente tiene una productividad de fibra por hectárea de 1.020 kilos, superior al promedio mundial. Para alcanzar la meta de 36.100 hectáreas, la productividad deberá aumentar a 12,60 kilos de fibra por hectárea.
Una práctica clave es la implementación de cultivos refugio en cultivos transgénicos. Estos cultivos refugio consisten en áreas de cultivo convencionales o con tolerancia a herbicidas que no tienen características de resistencia a insectos. Su objetivo es mantener insectos susceptibles en el campo y prevenir que los insectos desarrollen resistencia a la tecnología transgénica.
Además de aumentar la productividad, los cultivos transgénicos tienen un impacto ambiental positivo. Un estudio reveló que redujeron la huella ambiental de la agricultura en un 17% al disminuir el uso de combustible y las emisiones de carbono.
La Asociación de Biotecnología Vegetal Agrícola (Agro-Bio) destacó que esta tecnología ha permitido a los agricultores cultivar más sin necesidad de expandir la frontera agrícola.
Los cultivos transgénicos son más resistentes a plagas debido a la introducción de genes específicos en su ADN que les otorgan esta capacidad. La resistencia a plagas es una de las características clave de muchos cultivos transgénicos y se logra al incorporar genes de bacterias o virus que producen proteínas tóxicas para ciertos insectos o que mejoran la tolerancia del cultivo a las plagas.





