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Un manto de muerte cubre la sustitución de coca en Córdoba

Ya son ocho los campesinos asesinados, todos firmantes del acuerdo voluntario para sustituir la hoja de coca.


Por: Andrés Chica Durango
Defensor de Derechos Humanos

El 24 de agosto del 2017, en San José de Uré, familias y Estado firmaron el acuerdo colectivo para la sustitución voluntaria y concertada de cultivos de uso ilícito, en el marco de la implementación del acuerdo de paz.

Había entusiasmo en los campesinos y campesinas que soñaban con remplazar el cultivo ilícito por los sembradíos legales con plenas garantías de mercado; “por fin saldrían de la encrucijada, de sembrar y recolectar hoja de coca, con actores armados victimizadores de las comunidades y alejados del progreso y la inversión social en sus territorios”, pensaban muchos de esos campesinos.

Tras firmar el “acuerdo colectivo” se dispusieron a firmar acuerdos individuales, a caracterizar sus cultivos y cualificar sus proyectos de corto, mediano y largo plazo. Todo marchaba bien, al menos con contratiempos ligeros, pero superables.

El 18 de enero del 2018 inició un panorama de muertes selectivas; el campesino Plinio Pulgarín de la vereda San Pedrito que pertenece al corregimiento de Versalles fue la primera víctima.

A su paso, los violentos, con distintos brazaletes, léxicos y estrujes, solo en San José de Uré han arrebatado seis vidas, dañado a seis familias, todas integrantes del Programa Nacional Integral de Sustitución de cultivos ilícitos (PNIS).

Los más recientes hechos son el asesinato de tres labriegos, que como campesinos vivían en los corregimientos Brazo Izquierdo y Batatalito (San José de Uré).

Hasta ahí llego la muerte con botas pantaneras, camuflado, machete al cinto y tiros de fusil. Fueron sacados de sus casas, despojados de la esperanza y embargados con destrucción. A su paso arroparon con un manto de luto, miedo y despojo a la comunidad campesina uresana.

Víctimas recientes de los hechos de violencia en el sur de Córdoba.

Jader Pertuz, Jader Polo y Luis Fernando Velázquez, son los nombres quienes creyeron  que el transitar de lo ilegal a lo legal no solo era posible, sino que por ninguna razón les costaría la vida.

Estas tres vidas arrebatadas hoy más que justicia gritan medidas que garanticen la vida, la integralidad de sus derechos, la seguridad para las familias que le han apostado a la Paz con justicia social que en el sur de Córdoba hoy día cuesta tanto creer.

Por ellos y por los 8 miembros del PNIS Córdoba asesinados un ¡Basta ya! Un grito desconsolado que las madres, hijos, hermanos y comunidades exclaman, lloran; y se pierde en el horizonte, en las estribaciones del Nudo del Paramillo la ilusión de un país en Paz.



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