En febrero, en plena emergencia invernal en Córdoba, un bote del Ejército Nacional recorría los barrios inundados de la margen izquierda de Montería.
Los soldados ayudaban a las familias damnificadas a sacar sus enseres cuando, a lo lejos, vieron a un perro criollo solo en medio del agua. No lo pensaron dos veces.
Los uniformados del Batallón de Infantería Liviana N.° 33 Junín, de la Décima Primera Brigada, se lanzaron al agua para rescatarlo. Ese día comenzó la historia de Aqua.

Uno de los soldados que participó en el rescate, el soldado profesional José Manuel Fuentes Pérez, decidió llevárselo. Como no sabía si el animal tenía dueños, al principio solo pensaba darle un hogar temporal. Con el paso de los días cambió de idea y lo adoptó para siempre.
«Desde el primer día el perrito se mostró muy cariñoso y no sé si es por agradecimiento que se ha apegado mucho a mí», contó el soldado Fuentes.

Hoy Aqua lo sigue a todas partes, incluso al trabajo, donde sus compañeros lo reciben con cariño. «En ocasiones lo traigo al trabajo para que se desestrese, él corre de oficina en oficina, los comandantes lo tratan muy bien, ha tenido una buena aceptación», relató.
La historia también tuvo momentos difíciles. Cuando lo rescataron, Aqua parecía estar sano. Sin embargo, un par de meses después el soldado lo notó decaído y sin apetito, y el perro empezó a perder peso. Los exámenes veterinarios mostraron que tenía endoparásitos, y Aqua tuvo que seguir un tratamiento estricto durante un mes.
Al terminarlo, el cambio fue evidente. Aqua volvió a ser el perro alegre de siempre, que corre de lado a lado y mueve la cola sin parar.

Han pasado cerca de ocho meses desde aquel rescate. Para el soldado Fuentes, Aqua ya es un miembro importante de su familia, y entre los dos se formó un vínculo especial.
En medio de la emergencia, entre el agua y el miedo, este perro encontró unas manos dispuestas a salvarlo. Su historia pone de presente que en una tragedia cada vida cuenta.





