El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel confirmó públicamente lo que durante semanas había negado: funcionarios del gobierno cubano mantienen conversaciones con representantes de la administración de Donald Trump en busca de soluciones a las diferencias bilaterales entre ambos países.
El anuncio representa un giro de 180 grados respecto a la postura oficial sostenida durante semanas. En febrero, el viceministro de Exteriores Carlos Fernández de Cossío aseguró que ese diálogo no había comenzado, y el 10 de marzo el régimen volvió a negarlo.
Las conversaciones se desarrollan en un contexto de crisis energética y económica sin precedentes en la isla, tras la captura de Nicolás Maduro y la pérdida del suministro de petróleo venezolano que cubría el 40% de las necesidades energéticas cubanas. Díaz-Canel reconoció que hay decenas de miles de personas esperando operaciones quirúrgicas que no pueden realizarse por falta de energía eléctrica.
Las conversaciones fueron conducidas al más alto nivel por Díaz-Canel y Raúl Castro, con participación del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio. El mandatario cubano planteó cuatro propósitos: identificar los problemas bilaterales más graves, encontrar posibles soluciones, determinar la disposición de ambas partes y explorar áreas de cooperación para la paz y seguridad regional.
En paralelo, el gobierno cubano anunció la liberación de 51 presos en un gesto que atribuyó a sus relaciones con el Vaticano.





