Mientras Colombia conmemora 40 años de la tragedia de Armero, Clemencia Gómez González, geóloga y docente de la Universidad Nacional, lanza una pregunta incómoda al auditorio: ¿Cuántos muertos más necesita el país para entender que los profesionales en Ciencias de la Tierra son indispensables?
La paradoja es evidente: apenas el 55% de los geólogos recién egresados consigue empleo, pero como una profesión tan vital para cuidar la tierra quedó relegada y con bajos niveles de empleabilidad.
En medio de la cumbre sobre transición energética, Clemencia Gómez González habló para LARAZÓN.CO sobre esta profesión esencial que Colombia desconoce, desprecia y necesita desesperadamente.
LR—¿Cuál es la preocupación frente a la última encuesta de empleabilidad de los profesionales en geología que está pasando con ellos?
CG—Uno de los grandes problemas es que la geología, siendo tan útil porque está relacionada con la exploración de recursos mineroenergéticos y la identificación de amenazas en el territorio, es poco conocida. Esto deriva de que no vemos geología en los colegios. Cuando hablas con alguien, no sabe qué hace un geólogo ni para qué sirve. Puede que tengamos un mapa de amenazas —ahora que se cumplieron 40 años de Armero— y que supiéramos qué pasaba, porque eso está en el registro de las rocas que los geólogos sabemos leer, pero esa información no llega a la gente. No tenemos ese vínculo sólido para que la información geocientífica transite hasta la población.
LR—¿Cómo afecta ese desconocimiento al empleo de los profesionales en geología?
CG—Mucho del desconocimiento genera que una profesión tan importante tenga cifras relacionadas al 50% de profesionales recién egresados que no buscan o no encuentran trabajo. Si no sabes qué hace un geólogo, ¿quién lo va a contratar? Lamentablemente, la prevención no es uno de los temas relevantes en el país. Se presenta Armero, están las alarmas, la ayuda internacional, se desarrolla gestión del riesgo alrededor de esa catástrofe. ¿Necesitamos otros 25.000 muertos para entender la importancia del geólogo y su conocimiento en el territorio?
LR—¿Cuál es la importancia que se le debe dar al geólogo teniendo en cuenta esta nueva realidad de amenazas?
CG—El ordenamiento del territorio pasa por tener información donde se identifiquen los riesgos asociados a inundaciones, deslizamientos. Colombia tiene tres cordilleras, fenómeno del Niño y la Niña, que nos hacen muy vulnerables. Todos conocemos el estado de las carreteras y lo que pasa con ellas. Nosotros no somos un país minero ni petrolero, pero necesitamos los recursos que extraemos del suelo y subsuelo. Por eso impulsamos hace 10 años la iniciativa de un geólogo por municipio. Así como uno se enferma y sabe que hay un médico al que puede acudir, cuando se presenten problemas geológicos, cuando se necesite interpretar mapas de ordenamiento territorial, debe haber una persona idónea que pueda disminuir los riesgos.
LR—¿Hay ejemplos concretos del impacto del trabajo de los geólogos en Colombia?
CG—Un ejemplo reciente muy bonito ocurrió en Putumayo. Contrataron un profesional en Ciencias de la Tierra en el municipio y el chico logró, por un deslizamiento, dar una voz de alerta y salvar 700 vidas. Uno de mis estudiantes hizo una práctica en un municipio donde se presentó un incendio. Como sabemos leer las imágenes satelitales, fue capaz de identificar hacia dónde migraba el fuego, le dio esa información a los bomberos y se logró mitigar más fácilmente. Hay ejemplos tangibles donde la presencia de profesionales logra minimizar amenazas.
LR—Pero solo el 55% consigue empleo. ¿Cómo explican ese fenómeno?
CG—Está relacionado con la falta de conocimiento del público en general. Si no sabes qué es un geólogo y para qué sirve, ¿quién lo va a contratar? La prevención no es relevante en el país. El fenómeno de Mocoa, exactamente lo mismo que Armero. Eso se ve en el registro litológico, en las rocas. Casi el 85% o 90% de los planes y esquemas de ordenamiento territorial en Colombia están desactualizados, y muchos no se han hecho con conocimiento técnico de geólogos. Son mapas que se copian del Servicio Geológico Colombiano y no están construidos a la escala de detalle que se requiere.
LR—¿Cuántos profesionales en geología hay en Colombia?
CG—Somos aproximadamente 10.000 profesionales entre geólogos, ingenieros geólogos y de Ciencias de la Tierra. Son muy poquitos. Si comparas con abogados, pueden ser 600.000. Nosotros solo 10.000 para las necesidades del país. En Colombia tenemos la Ley 9 de 1974, que regula el ejercicio profesional de la geología. Si esa ley se aplicara a rajatabla, claramente no habría un solo geólogo desempleado, porque todos los aspectos relacionados con Ciencias de la Tierra necesitarían tener un geólogo.
LR—¿La iniciativa de un geólogo por municipio va en proyecto de ley?
CG—Sí, llevamos 10 años impulsando esta iniciativa. Lo que queremos es profesionalizar con conocimiento el territorio. Así como en los municipios agrícolas cuentan con las Umata donde están veterinarios y agrónomos, qué bueno sería en los municipios mineros y petroleros contar con unidades técnicas municipales que brinden asesoría a la gente, también al minero, que sirvan de enlace entre el Estado y todos los actores vinculados al sector.
LR—Ustedes hablan de promover la carrera, pero ¿cómo revertir la falta de interés?
CG—En Colombia no han cerrado escuelas de geología, tenemos 11. Han cerrado internacionalmente, lo cual es una ventaja para nuestros estudiantes porque la geología es una sola. Cuando te formas como geólogo, puedes ejercer aquí o en Catar o Noruega. En Inglaterra, por ejemplo, dejó de enseñarse geología en los colegios y disminuyeron los chicos interesados en estudiarla. Estamos en una cultura verde y el extractivismo genera rechazo, pero es muy fácil decir “estoy en contra del extractivismo” y cambiar de celular cada seis meses. Es muy fácil estar en contra y no entender que cada uno requiere entre 17 y 22 toneladas de minerales al año. Eso es un mundo de minerales. No podemos estar en contra de estos procesos que han ayudado a construir la vida que tenemos.
LR—¿Por qué es clave el geólogo en la transición energética?
CG—Porque la transición energética está de la mano de minerales críticos y estratégicos alrededor del mundo para suplir la demanda que vamos a requerir. En realidad, en un país como Colombia no es transición energética, sería adición energética. Tenemos todavía el 17 o 18% de pobreza energética. Hay un mundo de colombianos que no tienen energía eléctrica. Todos los minerales que se requieren —cobre, níquel, elementos de tierras raras—, si se quiere hacer transición con hidrógeno, requieren profesionales en Ciencias de la Tierra.
LR—¿Hay ejemplos de esa contradicción energética?
CG—Un lugar como la Guajira, la Alta Guajira, donde podrías tener energía eólica, energía solar, y fuera de eso tiene carbón, pero la gente no tiene suministro constante de energía. Esas son las cosas del país en las que los profesionales en Ciencias de la Tierra podemos empezar a trabajar para cerrar brechas, porque tener energía es tener desarrollo.
LR—Usted mencionó la inteligencia artificial. ¿Qué papel juega el geólogo ahí?
CG—Por cada 20 preguntas que se le hacen a ChatGPT, se consume un litro de agua. ¿Está el mundo preparado para ese volumen de agua que se requiere para enfriar esos dispositivos? ¿Está preparado para el 2% que estamos requiriendo en energía para la inteligencia artificial y cada vez creciendo más? Es muy necesario el conocimiento de Ciencias de la Tierra para lo que se viene, para lo que tenemos actualmente.
LR—¿Qué hace falta entonces?
CG—Vivimos en un país que lleva 60 años en guerra. La información geológica se toma del campo, los geólogos tienen que ir al campo, martillar las rocas, hacer mapas geológicos. En un país como el nuestro, en el que hemos vivido en guerra, todavía hay muchos vacíos de conocimiento. ¿Cómo podemos suplir esos vacíos? Mandando a la gente al territorio para que permeen el tejido social y podamos recoger mucha información técnica que nos falta para la toma de decisiones.





