Este año, Belén, la ciudad palestina famosa por ser el lugar de nacimiento de Jesús y que tradicionalmente celebra la Navidad con esplendor, enfrenta una realidad sombría.
Las celebraciones navideñas han sido canceladas debido a los impactos de la guerra en la Franja de Gaza, que ha dejado miles de muertos.
La ciudad, que depende en gran medida del turismo y de los peregrinos, se encuentra desprovista de la típica atmósfera festiva.
Ni luces, ni música, ni villancicos adornan sus calles. El tradicional árbol en la plaza del Pesebre y el mercadillo navideño en la calle de la Estrella brillan por su ausencia.
“No podemos celebrar cuando nuestros hermanos y hermanas en Tierra Santa padecen hambre y muerte”. Las festividades religiosas y culturales, que solían atraer a turistas y peregrinos de todo el mundo, se han desvanecido en medio del luto por la guerra.





